Saguntum fue un centro crucial en la provincia Tarraconense (Valencia, España), conocido por su economía vinícola desde el siglo I a.C., con vinos exportados y mencionados en textos clásicos. Famosa por sus importantes yacimientos arqueológicos que revelan la avanzada agricultura romana para el cultivo de vides y la exportación de vino.
Las primeras huellas del pasado de Sagunto aparecen en yacimientos pertenecientes a la Edad del Bronce. En el siglo V a.C., en época ibérica, los pobladores construyeron murallas para protegerse de los peligros, absorben los antiguos poblados y pasan a denominarse Arse. Se produce un gran desarrollo cultural y económico avalado por la acuñación de moneda y las relaciones comerciales con griegos y fenicios.

Este importante crecimiento se ve truncado por la violenta acción del ejercito cartaginés bajo la dirección de Aníbal, que en el año 219 a.C. destruye la ciudad tras 8 meses de asedio y una heroica resistencia de los saguntinos frente al invasor. Este hecho originó la segunda guerra púnica y después de la victoria romana se inició un nuevo proceso de expansión y gran desarrollo, pasando a llamarse Saguntum.
A fines de 2025, el Ministerio de Cultura de España difundió su habitual Boletín del Museo Arqueológico Nacional. Entre sus capítulos, hay uno específico que da testimonio del desarrollo del comercio del vino en Saguntum. Su autora, Carmen Aranegui Gascó, es catedrática de arqueología emérita, de la Universidad de Valencia (España).
Su trabajo plantea los contactos e intereses derivados del comercio mercante como clave de la romanización cultural de Arse (Saguntum). A través de la investigación arqueológica se documenta un primer asentamiento latino fundado hacia los tiempos de la tercera guerra púnica (149-146 a. C.) y se contempla la introducción de la ritualidad del vino a través de la plástica y la epigrafía de esa misma época. La romanización no se deriva únicamente de la segunda guerra púnica.
El comercio del vino y la reconstrucción de Saguntum
La investigación arqueológica sobre el vino antiguo ha experimentado un notable desarrollo en las últimas cuatro décadas, especialmente a partir de la incorporación sistemática de análisis arqueométricos y de nuevas lecturas contextuales de los materiales cerámicos. En el ámbito de la península ibérica, estos avances han permitido reconocer la profundidad histórica de la vitivinicultura, cuya difusión comercial se inicia en el siglo VIII a. C. como consecuencia de la colonización fenicia y se consolida durante las fases púnica e ibérica. En estos contextos prerromanos, la vid y el vino se integran plenamente en sistemas productivos y simbólicos propios, documentados a través de herramientas agrícolas, instalaciones de prensado, producción anfórica local y evidencias epigráficas vinculadas a prácticas contables y transaccionales.
Es habitual que la documentación arqueológica sobre el vino romano se centre en las ánforas utilizadas para su comercialización porque proporcionan muchos más datos que el resto de fuentes clásicas. Estos recipientes estandarizados que, por su morfología, capacidad, técnicas de fabricación y marcas epigráficas, constituyen una fuente privilegiada para el análisis del comercio mediterráneo. Frente a otros contenedores como los dolia, empleados en el transporte a granel, las ánforas permiten una reconstrucción más precisa de los circuitos de producción, distribución y consumo.
A lo largo de la Segunda Edad del Hierro, cuando en el siglo VI a. C. Focea y Tiro declinan su presencia en el Mediterráneo occidental, decae el tráfico mercante oriental y en la península ibérica se producen desplazamientos humanos y ajustes territoriales entre gentes occidentales y colonos de segunda generación para compartir beneficios del comercio centro-mediterráneo; esto se repite cuando el tráfico de Massalia compite con el púnico en esta misma área (siglo IV a. C.) y, finalmente, se observa un derrumbe de mercancías importadas en la época de la segunda guerra púnica (218-202 a. C.), hasta dar paso al monopolio romano.
Sin embargo, la Citerior mediterránea sacará siempre partido de una tradición ininterrumpida de ampliación del viñedo que la dota de competencia, tanto contemplada desde el interior –alfares, tipologías, marcas, lagares, torcularios, tabernas, comensalidad, paleobotánica, textos clásicos, ritualidad–, como desde el exterior –comercio, naves mercantes, distribución, ritualidad.
El caso de Arse-Saguntum
Dentro de este marco regional, Saguntum ocupa una posición estratégica tanto desde el punto de vista territorial como económico. Si bien los restos materiales del oppidum ibérico de Arse se encuentran profundamente alterados por la continuidad urbana, la secuencia estratigráfica del puerto del Grau Vell, situado en la desembocadura del antiguo río Udiva, ofrece un registro excepcional desde finales del siglo VI a. C. Su localización, asociada a una restinga rocosa en una costa mayoritariamente baja, explica la temprana concentración de restos navales y mercancías, así como su papel como escala portuaria principal del sucronensis sinus. Desde este enclave se documenta la circulación de importaciones fenicias, griegas, massaliotas, púnicas y ebusitanas, en gran medida relacionadas con el comercio del vino, que los grupos locales redistribuyeron hacia el interior.
La evidencia arqueológica indica que, ya en época ibérica, Saguntum participó activamente en la producción y exportación anfórica, como confirman los hallazgos subacuáticos frente al Grau Vell y los residuos de producción en alfares próximos. Aunque la identificación del contenido de estas ánforas no siempre es concluyente, los análisis realizados en yacimientos cercanos permiten afirmar la circulación de distintas bebidas fermentadas, incluido el vino. También se han identificado cerámicas prerromanas barnizadas de producción local que imitan pequeñas páteras, cuencos y copitas de tipologías helenísticas que sugieren la existencia de una vajilla para el vino anterior a la conquista romana. Estas ánforas y copas datan de la crisis del comercio internacional del siglo IV a. C.

Saguntum: el primer establecimiento romano del tercer cuarto del siglo II a. C.
Tras la segunda guerra púnica (218-202 a. C.), Saguntum fue objeto de una restitución política por parte de Roma, seguida de una profunda reconstrucción urbana que la investigación arqueológica sitúa entre mediados y finales del siglo II a. C., en un contexto histórico marcado por la destrucción de Cartago (146 a.C.) y Numancia (133 a.C.). Se plantea, por tanto, si entre la restitución y la reconstrucción de la ciudad transcurrió un plazo de alrededor de medio siglo.
Las intervenciones documentadas en la muralla, el área forense, la Plaza de Armas y el puerto del Grau Vell definen la implantación de un nuevo proyecto urbano de cultura latina –heredera de la mítica y milenaria (nunca encontrada) Zakyn- thos–Saguntum- y estrechamente vinculado a la política expansiva tardorrepublicana. La presencia de ánforas greco-itálicas avanzada, las Will-e y de tipologías Lamboglia 2, en estos contextos subraya la inserción de Saguntum en los circuitos comerciales itálicos, particularmente en lo relativo al vino.

La llegada de un colectivo latino, probablemente compuesto por publicanos y mercaderes vinculados al tráfico marítimo, favoreció la consolidación de una economía orientada al comercio vinario. A ésta población se la asocia a la primera expresión ritual pública explícitamente relacionada con el vino de la Citerior mediterránea, sector provincial donde también hubo vajillas campanienses y calenas tardías comparables a las saguntinas. Este proceso se refleja no solo en la cultura material, sino también en la configuración de los espacios rituales. El sacellum situado junto al primer foro ha proporcionado un conjunto excepcional de estatuillas de bronce de tradición itálica, con representaciones de Júpiter, Venus, Baco y Hércules, que articulan una ideología en la que el vino aparece asociado tanto a la fertilidad y la convivialidad como a la navegación y la fundación urbana.

Sin embargo, parece que las ánforas de Saguntum no renovaron inmediatamente la tipología ibérica, tal vez porque sus habitantes se esforzaron en mantener la importación y distribución de lo que llegaba a su costa, desde Marsella, el Tirreno, Tarragona, el Estrecho e Ibiza, más que en promocionar lo autóctono, a falta de lo que pudieran dar a conocer nuevos descubrimientos, ya que ninguno de los alfares del territorio saguntino ha sido excavado en extensión.
A partir del cambio de era, la adopción generalizada de la tipología anfórica Dr. 2-4 señala un incremento significativo de la producción vinaria saguntina. También se constata el relativo aumento de la producción de ánforas de la tipología derivada de las Mañá B3, que asegura su mayor salida hacia el exterior, con estimaciones que deben ajustarse a la hipotética capacidad de carga de las naves que las transportaban, calculada en unas quinientas ánforas por embarcación para los vinos layetanos y tarraconenses tardorrepublicanos y altoimperiales, cantidad muy inferior a la de la estiba en las bodegas de las naves onerarias, en las que los envases saguntinos pudieron darse a conocer como flete secundario.
Los tituli picti -hallados cerca de Narbona- documentados en contextos de la Galia y en pecios mediterráneos sobre ánforas Dr. 2-4 con el sello saguntino (M-P-M), indican que su contenido es un vino blanco de calidad elaborado con la cepa Aminea, generosa y recia, originaria de Grecia y cultivada en Italia, que se exportaba hacia mercados suprarregionales. Desde centros redistribuidores como Narbona, este vino se integró en redes comerciales complejas que conectaban el Mediterráneo con el Atlántico y las fronteras septentrionales del Imperio. Paralelamente, la proliferación de villas rurales dotadas de lagares y cellae vinariae en el territorio saguntino evidencia la estructuración de un paisaje agrario especializado y orientado al mercado.

La plena romanización
La plena romanización de Saguntum se manifiesta igualmente en la evolución de la ritualidad vinculada al vino. Los hallazgos del santuario rural de Muntanya Frontera, al norte de Saguntum, revelan un espacio cuya función ritual entre los siglos I a. C. y II d. C. se ilustra con imágenes que evocan celebraciones distintas a las asociadas al sacellum urbano precedente. Muestran exvotos de bronce de poca calidad y tamaños comprendidos entre los 6 y los 12 cm de altura, que corresponden a tres parejas de oferentes cubiertos con pallium, un par de ellos con coronas torreadas, otro par con tocados en forma de estrella y el tercer par sin tocado, están realizados con moldes de los que solo el anverso reproduce la imagen y tienen apéndices bajo los pies para ser expuestos sobre un pequeño pedestal pétreo. Las tres estatuillas desnudas en bulto redondo corresponden a Júpiter, a Liber Pater y a Hércules, solo este con apéndices bajo los pies, como los oferentes. Venus ya no consta en este enclave rural, tal vez porque el vino profano queda aquí bajo la tutela de Liber, patrón de los negotiatores vinarii.

La reconstrucción y ampliación urbanística, durante la tercera guerra púnica (149-146 a.C.) también es una clara muestra de la romanización. En esta fase se incrementan los terratenientes, a juzgar por la ampliación de su área centuriada, en paralelo al crecimiento de su comercio ultramarino, base sobre la que aparecerán socii aliados de Roma y, después, un municipio de ciudadanos romanos (8-4 a. C.), productivo y emprendedor, que ha dejado atrás su tragedia bélica.
En conjunto, la evidencia arqueológica permite reinterpretar Saguntum no únicamente como escenario de un episodio bélico paradigmático, sino como un centro económico dinámico cuya reconstrucción, romanización y proyección mediterránea estuvieron estrechamente ligadas al vino. La vitivinicultura y su comercio actuaron como factores estructurales en la reorganización del territorio, en la consolidación de redes mercantiles y en la construcción de nuevas identidades sociales dentro del marco del Imperio romano.
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Fuente: Universitat Jaume I – Departamento de Química, Universitat Politècnica de València, Valencia, España – Boletín del Museo Arqueológico Nacional, del Ministerio de Cultura de España, capítulo «El comercio del vino y la reconstrucción de Saguntum» de Carmen Aranegui Gascó (carmen.aranegui@uv.es) Catedrática de Arqueología emérita de la Universidad de Valencia. España.









