Investigadores del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) de La Rioja (España) han publicado, en la revista Crop Protection, un artículo de revisión que analiza de forma crítica cómo las prácticas de poda influyen en la infección, desarrollo y manejo de las enfermedades de la madera de la vid. El trabajo sintetiza los avances recientes sobre la dinámica de dispersión de esporas, la susceptibilidad temporal de las heridas de poda, la influencia del clima y la variabilidad entre regiones vitícolas, destacando que no existen recomendaciones universales para reducir el riesgo de infección.
Fuente: «Prácticas de poda y enfermedades de la madera de la vid: un análisis crítico de la dinámica de infección, las estrategias de manejo y las lagunas de conocimiento«, revisión publicada en 2026 en la revista Crop Protection. Autores: Sonia Ojeda, Catarina Leal, David Gramaje (del ICVV) y Emilia Díaz-Losada (Estación de Viticultura y Enología de Galicia).
Las enfermedades de la madera de la vid, causadas principalmente por ascomicetos fúngicos y algunos basidiomicetos, amenazan la sostenibilidad de los viñedos. Debido a que las heridas de poda constituyen las principales puertas de entrada para la infección, las decisiones relacionadas con esta práctica influyen de manera decisiva en el riesgo de desarrollo de estas enfermedades.
Esta revisión analiza críticamente los avances de la última década sobre cómo las prácticas de poda influyen en la dinámica de infección y en los resultados del manejo de las enfermedades de la madera. Es una síntesis de la evidencia disponible sobre la dispersión de esporas y los factores climáticos que la condicionan, los patrones temporales de susceptibilidad de las heridas y el desempeño de distintas estrategias de mitigación, entre ellas el momento de la poda, los sistemas de conducción y los conceptos de poda orientados al flujo de savia, la optimización del número y tamaño de las heridas, y la reducción de las fuentes de inóculo mediante medidas de saneamiento y cirugía de recuperación.
Asimismo, se revisan evaluaciones recientes sobre protectores de heridas de poda bajo condiciones de inoculación artificial e infección natural, incluyendo fungicidas, agentes de control biológico y barreras físicas.
Una amenaza silenciosa para la longevidad de los viñedos
A diferencia de otras enfermedades -que pueden controlarse con relativa eficacia mediante programas fitosanitarios específicos- las de la madera, presentan una característica particularmente desafiante: cuando los síntomas se hacen visibles, la infección suele llevar años instalada en el interior de la planta.
La importancia económica del problema es enorme. La reducción de rendimientos, la pérdida progresiva de vigor, la muerte de brazos y troncos, el incremento de los costos de manejo y la necesidad de replantación anticipada generan impactos que se acumulan durante décadas.
En este contexto, la poda ocupa un lugar central. No solamente porque constituye una práctica indispensable para la producción de uvas de calidad, sino porque las heridas que genera representan la principal puerta de entrada para la mayoría de los hongos responsables de las enfermedades de la madera.
La herida de poda: el punto de partida de la mayoría de las infecciones
Los principales hongos asociados a enfermedades de la madera pertenecen a grupos taxonómicos diferentes, pero comparten un rasgo epidemiológico fundamental: utilizan las heridas producidas por la poda como vía preferencial de ingreso.
Dentro de los complejos más importantes se encuentran los hongos de la familia Botryosphaeriaceae, responsables de diversos cuadros de decaimiento; Eutypa lata, agente causal de la eutipiosis; los microorganismos asociados a yesca, como Phaeomoniella chlamydospora y Phaeoacremonium minimum; además de diversos patógenos emergentes que continúan siendo objeto de estudio.
El proceso de infección es sencillo de describir pero difícil de controlar. Los hongos producen estructuras reproductivas sobre la madera infectada de plantas enfermas, restos de poda o incluso hospedantes alternativos. Desde esas estructuras se liberan esporas que son transportadas por lluvia, viento o salpicaduras. Cuando esas esporas alcanzan una herida reciente, encuentran tejido vascular expuesto y condiciones favorables para germinar. Una vez establecida la infección, el hongo comienza a colonizar lentamente la madera interna.

La gran pregunta: ¿cuánto tiempo permanece vulnerable una herida?
Pocas cuestiones generan tantas discrepancias entre estudios como la duración de la susceptibilidad de las heridas de poda. Algunas investigaciones indican que el período de máximo riesgo se concentra durante las primeras dos semanas posteriores al corte. Otras detectan susceptibilidad significativa durante más de dos meses. Incluso existen trabajos que registran infecciones experimentales varios meses después de realizada la poda.
Estas diferencias pueden tener varias explicaciones: no todos los patógenos poseen la misma capacidad para colonizar heridas envejecidas; las condiciones climáticas afectan directamente los procesos de cicatrización; las temperaturas más elevadas suelen acelerar la formación de barreras defensivas y favorecer el cierre fisiológico de las heridas. También influye la metodología experimental utilizada. Los ensayos con inoculación artificial suelen emplear concentraciones de esporas muy superiores a las presentes normalmente en el viñedo.
Pese a estas incertidumbres, existe un consenso sólido: las heridas recién realizadas constituyen siempre el período de mayor riesgo y, por lo tanto, deben considerarse el objetivo prioritario de cualquier estrategia de protección.

La importancia de eliminar el inóculo
La eliminación de las fuentes de inóculo representa una práctica sanitaria fundamental. La madera de poda alberga estructuras reproductivas (picnidios, peritecios y pseudotecios) de los patógenos asociados a las enfermedades y constituye una fuente primaria de esporas responsables de la infección de las heridas de poda.
Entre los métodos alternativos de saneamiento se incluyen el triturado o acolchado de los restos de poda y su incorporación al suelo. Si bien esta práctica aporta beneficios en términos de materia orgánica del suelo, existen dudas acerca de si la madera triturada continúa actuando como fuente de inóculo.
La longevidad del inóculo presente en los restos de poda constituye un factor crítico que influye sobre la eficacia de las prácticas de saneamiento. Algunos estudios han comprobado que estos restos constituyen una fuente de inóculo de larga duración y que los sitios cercanos donde se depositan estos residuos pueden contribuir a la presión de enfermedad si se encuentran dentro del rango de dispersión de las esporas.
Cirugía de tronco y renovación: una segunda oportunidad para las plantas enfermas
Los ensayos de intervenciones quirúrgicas realizados hasta ahora incluyen diferentes procesos. La cirugía de recuperación que consiste en eliminar los cordones sintomáticos y reentrenar las plantas a partir de madera sana. Y por otra parte, la cirugía de recuperación combinada con inducción de brotes de agua, una técnica que provoca heridas mecánicas en el tronco para estimular yemas latentes. Ambos enfoques lograron restablecer el desarrollo vegetativo y los rendimientos durante un período de diez años, aunque la inducción de brotes de agua aceleró la recuperación en aproximadamente un año, a costa de un mayor requerimiento de mano de obra.
También se han estudiado estrategias de renovación de troncos cortando los que están infectados hasta la unión de injerto para reentrenar nuevos troncos a partir de chupones. El trabajo informó una tasa de éxito del 74% durante un período de tres años, aunque el 25% de las vides tratadas murió a pesar de la intervención.
Todo lo anterior evidencia que las tasas de éxito son altamente variables y dependen de la severidad de la enfermedad en el momento de la intervención, de las especies de patógenos involucradas, de la edad y el vigor de la planta, y de las condiciones ambientales durante la recuperación. Además implica costos significativos de mano de obra y pérdidas productivas de corto plazo. Y, por último, no previene nuevas infecciones, y las plantas tratadas continúan siendo susceptibles al ingreso de patógenos.
Prácticas de poda para minimizar enfermedades de la madera de la vid
Método de corte y manejo de la madera de protección
Las escuelas tradicionales de poda enfatizan la importancia de dejar “madera de protección”, gestionar los conos de desecación dentro de tejido sacrificial y evitar cortes que dañen estructuras nodales, especialmente el diafragma, con el fin de preservar la continuidad del flujo de savia. Pero la evidencia de una reducción en el establecimiento de patógenos de enfermedades de la madera bajo condiciones naturales de infección sigue siendo limitada.
Se ha demostrado que la conservación de yemas basales después de la poda se asocian a una formación más intensa de tilosis en los vasos del xilema, mientras que los cortes que eliminaban estas yemas presentaban una oclusión vascular más débil. Asimismo, los cortes realizados sobre madera más vieja y de mayor diámetro producían áreas de desecación más profundas.
De forma similar, otro ensayo de campo de diez años de duración, reveló que una poda “virtuosa”, basada en dejar madera de protección y preservar las estructuras nodales, redujo la desecación interna, mejoró el flujo de savia y se asoció con una menor expresión foliar de yesca y mayores rendimientos en comparación con los cortes realizados a ras a través del nudo.
Evidencias preliminares derivadas del estudio del microbioma sugirieron que el tipo de tejido y su estado sanitario ejercían una influencia mayor sobre la estructura de las comunidades fúngicas que el propio método de poda.
En conjunto, estos estudios sugieren que la ubicación del corte de poda puede influir sobre la evolución de las enfermedades de la madera principalmente a través de mecanismos relacionados con la defensa de la herida, los patrones de desecación y la funcionalidad vascular, más que mediante cambios inmediatos y de gran magnitud en el micobioma ya establecido en la madera.

Desde una perspectiva de manejo, la madera de protección, la preservación del diafragma y la poda orientada al flujo de savia pueden considerarse prácticas de bajo riesgo que podrían mejorar el funcionamiento fisiológico de la planta y potencialmente reducir el impacto de las enfermedades de la madera a largo plazo.
Tamaño y número de heridas
Aunque las heridas de poda constituyen las principales puertas de entrada para los patógenos asociados a las enfermedades de la madera, relativamente pocos estudios han logrado separar los efectos del tamaño, el número y la posición de las heridas. Las heridas más grandes pueden ofrecer una mayor superficie para la deposición de esporas y la entrada de los patógenos, mientras que las plantas con un mayor número de heridas presentan más sitios potenciales de infección.
Quedó demostrado en estudios anteriores que la superficie total de heridas de poda por planta se asociaba positivamente con la colonización posterior por patógenos de enfermedades de la madera. Y que las plantas podadas para conservar un mayor número de yemas -que requerían más cortes- presentaron tasas de infección superiores.
Sin embargo, la reducción del número de heridas no puede considerarse independientemente de los objetivos agronómicos. La poda regula el rendimiento, la calidad de la fruta, la arquitectura del dosel y el equilibrio vegetativo de la planta, por lo que una reducción drástica del número de cortes podría resultar inviable. Un objetivo más realista consiste en evitar cortes innecesarios, especialmente sobre estructuras permanentes, y asegurar que las estrategias de protección contemplen tanto el número como el tamaño de las heridas.
Sistemas de conducción, arquitectura de poda y continuidad del flujo de savia
El sistema de conducción y la arquitectura de poda pueden influir en el impacto de las enfermedades de la madera al determinar dónde se localizan las heridas, con qué frecuencia se realizan cortes sobre estructuras permanentes, cómo se acumulan las infecciones a lo largo del tiempo y en qué medida la planta es capaz de mantener la continuidad vascular alrededor de los tejidos necróticos.
Los cortes repetidos sobre madera permanente pueden favorecer la acumulación de infecciones; los brazos o cordones más largos pueden retrasar el avance de las necrosis hacia sectores críticos del tronco; y la arquitectura de poda puede afectar tanto el flujo de savia como el vigor de la planta.
Desde una perspectiva de manejo, los sistemas de conducción y la arquitectura de poda deben considerarse decisiones de largo plazo que influyen sobre la resiliencia de la planta, la exposición a heridas y la distribución espacial del daño interno.
La evidencia actual respalda la minimización de cortes innecesarios sobre estructuras permanentes, el aumento de la distancia entre las heridas anuales y el tronco cuando ello sea compatible con los objetivos productivos, y la preservación de la continuidad del flujo de savia.
Momento de la poda y susceptibilidad de las heridas
Una cuestión central en la epidemiología de las enfermedades de la madera de la vid es la duración de la susceptibilidad de las heridas de poda. En los distintos estudios, generalmente disminuye a medida que envejece la herida, pero las “ventanas de riesgo significativas” reportadas oscilan entre aproximadamente dos semanas y más de dos meses, y en algunos casos se ha detectado susceptibilidad residual hasta cerca de cuatro meses después de la poda bajo condiciones de inoculación artificial.
Varios factores explican esta variabilidad. En primer lugar, la biología del patógeno: los distintos grupos asociados a las enfermedades de la madera difieren en su capacidad para colonizar heridas envejecidas y en sus patrones estacionales de actividad.
En segundo lugar, el clima y la cicatrización de las heridas (las condiciones de temperatura y humedad influyen en la desecación y formación de callo de las heridas, así como en el equilibrio entre las defensas de la planta y el crecimiento del patógeno).
En tercer lugar, la presión de inóculo y la metodología experimental: las inoculaciones artificiales con dosis elevadas pueden detectar susceptibilidad residual que podría tener menor relevancia bajo condiciones naturales de infección, mientras que una elevada presión de enfermedad en campo puede enmascarar los efectos de los tratamientos y dificultar la interpretación de los resultados.
Por último, el enfoque de evaluación también influye, los resultados difieren cuando se basan en el aislamiento de los patógenos mediante cultivo o en la incidencia de síntomas, y cuando se evalúa el establecimiento inicial del patógeno frente al desarrollo posterior de necrosis.
Dadas estas incertidumbres, el mensaje práctico más sólido es que las heridas recientes representan el estado de mayor riesgo, y que las estrategias de manejo deberían priorizar la protección rápida de las heridas y la adaptación regional del momento de poda.

Poda temprana versus poda tardía: por qué las recomendaciones difieren entre regiones
Las recomendaciones contradictorias respecto de la conveniencia de realizar una poda temprana o tardía reflejan en gran medida diferencias regionales reales en la fenología del inóculo, la dispersión impulsada por las precipitaciones y la cicatrización de las heridas dependiente de la temperatura.
En algunas regiones, retrasar la poda puede reducir el riesgo de infección porque el período de máxima disponibilidad de inóculo ocurre antes de la poda de finales de invierno y/o porque las condiciones más cálidas acortan la duración de la susceptibilidad de las heridas.
En otras regiones ocurre lo contrario: la detección de patógenos y la presión de infección pueden mantenerse elevadas durante las etapas avanzadas del invierno, haciendo preferible la poda temprana o provocando que el momento de poda, por sí solo, resulte insuficiente como herramienta de manejo.
Además, existen diferencias entre grupos de patógenos. Los patrones observados para Botryosphaeriaceae no necesariamente pueden extrapolarse a los patógenos asociados a yesca, y la variabilidad entre años puede ser considerable.
Por lo tanto, las decisiones relativas al momento de poda deben plantearse como una elección de manejo del riesgo basada en información local. Allí donde la liberación de esporas presenta una marcada estacionalidad y es relativamente predecible, el momento de poda puede reducir la exposición. En cambio, cuando las esporas están ampliamente disponibles o la variabilidad es elevada, la protección de las heridas se convierte en la herramienta principal, y el momento de poda debería definirse principalmente en función de la viabilidad operativa y, cuando sea posible, evitando períodos de lluvia.
Doble poda
La doble poda puede reducir el riesgo de enfermedades de la madera al trasladar las heridas definitivas y permanentes a un período con menor presión de esporas y/o con una cicatrización más rápida, mientras que las infecciones que se establecen en los sarmientos largos cortados inicialmente son eliminadas durante el corte final.
Esta estrategia resulta especialmente atractiva cuando se cumplen tres condiciones: que exista una clara diferenciación entre períodos de alto y bajo riesgo de infección; que el sistema de conducción sea compatible con la prepoda mecánica; y que el valor económico del viñedo justifique los costos adicionales asociados a la práctica.
En regiones donde el inóculo está disponible durante períodos prolongados o durante todo el año, la doble poda puede aportar beneficios más limitados, salvo que se combine con una protección eficaz de las heridas de poda.
Los protectores de heridas siguen siendo indispensables
La aplicación de protectores sobre las heridas de poda constituye una de las estrategias más directas para prevenir las infecciones causadas por los patógenos de las enfermedades de la madera de la vid. Al formar una barrera física, química y/o biológica sobre la superficie de la herida, estos productos pueden inhibir la germinación de las esporas, bloquear la entrada de los patógenos o excluirlos mediante la rápida colonización de la herida por microorganismos antagonistas.
Dado que las enfermedades de la madera presentan largos períodos de latencia y las infecciones se acumulan a lo largo de los años, se espera que los beneficios de la protección de heridas se manifiesten de manera gradual. En consecuencia, los ensayos de corta duración pueden subestimar su valor, mientras que los estudios plurianuales permiten captar mejor los efectos acumulativos.
Los limitados análisis económicos disponibles sugieren que esta práctica resulta más rentable en viñedos jóvenes y/o de alto valor económico. Dado que la disponibilidad de productos y los registros de uso varían ampliamente entre regiones, las recomendaciones deben considerar también las restricciones regulatorias locales.
Fungicidas químicos: cuáles funcionan mejor
Los ensayos de campo recientes confirman que la protección química de las heridas puede reducir sustancialmente las infecciones, aunque la eficacia depende del grupo de patógenos involucrado, del año y de la localización geográfica.
Los benzimidazoles (por ejemplo, tiofanato-metil o carbendazim, cuando su uso está permitido) suelen proporcionar la protección más consistente frente a diversas especies de Botryosphaeriaceae y pueden resultar eficaces contra Eutypa en determinados contextos. En cambio, su desempeño frente a los hongos asociados a yesca (como Phaeomoniella y Phaeoacremonium) suele ser inferior o mostrar una elevada variabilidad.
Las mezclas pertenecientes a los grupos QoI y SDHI (por ejemplo, piraclostrobina + boscalid) pueden proporcionar una protección muy eficaz frente a Botryosphaeriaceae en algunos ensayos, pero muestran una inconsistencia similar cuando se evalúan frente a los patógenos asociados a la yesca.
Los factores operativos son importantes: la cobertura y el volumen de agua pueden influir de manera decisiva en la eficacia de los tratamientos, y algunos fungicidas muestran una flexibilidad práctica considerable (manteniendo su eficacia cuando se aplican varios días después de la poda bajo condiciones experimentales), lo que puede mejorar su viabilidad en situaciones reales cuando no es posible realizar un tratamiento inmediato.

Agentes de control biológico
Los agentes de control biológico, especialmente los productos basados en especies de Trichoderma, pueden proporcionar elevados niveles de protección de las heridas de poda en determinadas regiones y ensayos, aunque su eficacia continúa mostrando una gran variabilidad según el clima, la estación del año, los grupos de patógenos y el contexto de aplicación.
Una limitación fundamental es la capacidad de establecerse exitosamente sobre la superficie de la herida antes de que ocurra la infección por el patógeno. Esto explica por qué los agentes de control biológico pueden presentar desempeños deficientes durante la poda invernal en condiciones frías, bajo elevada presión de inóculo, cuando se producen eventos repetidos de infección o cuando las formulaciones bacterianas no logran persistir sobre la madera expuesta.
Evidencias recientes indican que el desempeño de los agentes biológicos depende no sólo de la cepa antagonista utilizada, sino también del ambiente de la herida y de la arquitectura del viñedo.
En conjunto, los resultados de diferentes estudios respaldan el uso de agentes de control biológico como herramientas adaptadas a las condiciones regionales dentro de programas integrados de protección de heridas de poda, potencialmente combinados con momentos de poda optimizados y/o con fungicidas de menor riesgo cuando la normativa local lo permita. Al mismo tiempo, ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar formulaciones y cepas capaces de establecerse rápidamente y persistir bajo las condiciones invernales propias de los viñedos comerciales.
Hacia una estrategia verdaderamente integrada
Las decisiones relacionadas con la poda influyen sobre el riesgo de enfermedades de la madera de la vid a través de tres procesos interconectados: la creación de heridas susceptibles y su exposición al inóculo; la capacidad de la planta para compartimentalizar los tejidos lesionados y mantener su funcionalidad vascular; y la posibilidad de aplicar una protección eficaz de las heridas.
La evidencia revisada en este trabajo demuestra que el momento de la poda, el número y tamaño de las heridas, la ubicación de los cortes, la arquitectura del sistema de conducción, las prácticas de saneamiento, la cirugía de recuperación y los protectores de heridas pueden contribuir al manejo de estas enfermedades.
Sin embargo, sus efectos dependen fuertemente del contexto. El clima, la distribución de las precipitaciones, la comunidad de patógenos presente, la variedad cultivada, el vigor de la planta, el estado hídrico, las condiciones del suelo, la presión local de inóculo y las restricciones regulatorias son factores que determinan si una determinada práctica reduce efectivamente el riesgo bajo condiciones comerciales.
Por lo tanto, la conclusión práctica más sólida no es la existencia de una fecha universal de poda, un sistema de conducción ideal o un producto único capaz de resolver el problema, sino la necesidad de implementar una estrategia integrada adaptada a cada región.
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