Tras un proceso de cuatro años, Israel reconoció oficialmente al Néguev como Indicación Geográfica Protegida. La nueva denominación abarca más de 60 bodegas y viñedos distribuidos entre Kiryat Gat y Eilat, y reconoce un terroir desértico con identidad propia, una historia vitivinícola de más de 3.000 años y un creciente posicionamiento internacional.
El desierto del Néguev acaba de dar un paso decisivo en su consolidación como región vitivinícola, a través de su reconocimiento como Indicación Geográfica Protegida (IGP), otorgando protección legal a los vinos producidos en esta extensa región del sur del país y convirtiéndola en una de las pocas zonas vitivinícolas israelíes con reconocimiento geográfico formal.
La nueva denominación se extiende desde Kiryat Gat hasta Eilat, abarcando aproximadamente 13.000 kilómetros cuadrados de territorio desértico. En ella operan actualmente más de 60 bodegas y viñedos que producen en conjunto más de un millón de botellas al año.

El reconocimiento es el resultado de un proceso técnico y legal de cuatro años impulsado por Merage Foundation Israel junto a productores, investigadores y especialistas del sector. El objetivo fue demostrar que los vinos elaborados en la región presentan características distintivas vinculadas a su origen geográfico y a las condiciones únicas del desierto.
Según los estudios presentados durante el proceso de certificación, los vinos del Néguev expresan un perfil sensorial propio derivado de factores climáticos y edafológicos específicos, entre ellos la elevada amplitud térmica, la baja humedad ambiental, la intensa radiación solar, las escasas precipitaciones y el manejo altamente tecnificado del agua.
La aprobación se enmarca además dentro de los estándares internacionales de protección de indicaciones geográficas y brinda a los consumidores garantías sobre el origen de los vinos identificados bajo el nombre “Néguev”.

Una apuesta por el futuro
Para el Néguev, la nueva indicación geográfica representa mucho más que una herramienta de protección legal. También constituye una plataforma para el desarrollo del enoturismo, la valorización del patrimonio histórico y la diferenciación comercial de sus vinos en los mercados internacionales.
La apuesta incluye incluso proyectos de recuperación de variedades históricas identificadas a partir de investigaciones arqueológicas y genéticas desarrolladas por universidades israelíes. Algunas de estas iniciativas buscan reintroducir antiguas cepas cultivadas en épocas bizantinas y recrear sistemas tradicionales de conducción utilizados hace más de un milenio.

De esta manera, el Néguev busca proyectarse hacia el futuro apoyándose en un legado que se remonta a los orígenes mismos de la viticultura regional. La reciente obtención de la denominación de origen no solo reconoce la singularidad de sus vinos actuales, sino también la continuidad de una historia que comenzó hace más de tres mil años en pleno desierto.
Un terroir forjado en condiciones extremas
La palabra terroir suele asociarse a regiones históricas europeas, pero en el caso del Néguev adquiere características singulares. El desierto presenta más de 300 días de sol al año, precipitaciones extremadamente bajas y marcadas diferencias de temperatura entre el día y la noche.
Mientras que en Beersheba se registran precipitaciones cercanas a los 200 milímetros anuales, en Eilat apenas superan los 20 milímetros. Estas condiciones, que a priori podrían parecer incompatibles con la viticultura, han terminado convirtiéndose en uno de los principales activos de la región.

Los especialistas destacan que las noches frescas ayudan a preservar la acidez y la frescura de las uvas, mientras que la baja humedad reduce significativamente la presión de enfermedades criptogámicas. A ello se suma una larga temporada de insolación y suelos pobres que limitan naturalmente los rendimientos.
Como resultado, los vinos blancos suelen mostrar perfiles de marcada frescura, mineralidad y expresión frutal, mientras que los tintos destacan por su intensidad aromática, notas especiadas y una estructura elegante que muchos productores asocian con la identidad del desierto.
La restauración de un sistema vitivinícola histórico
La construcción de la identidad del Néguev como región vitivinícola no se apoya exclusivamente en las condiciones extremas de su clima desértico. Investigaciones recientes de la Universidad de Haifa proponen que el concepto de terroir en la región debe entenderse como la interacción entre paisaje, adaptación humana y una tradición vitícola documentada desde tiempos nabateos y bizantinos.
Los autores del estudio sostienen que la reciente recuperación de la denominación de origen del Néguev no debe interpretarse únicamente como un reconocimiento comercial o geográfico, sino como la restauración de un sistema vitivinícola histórico que permaneció inactivo durante más de un milenio.
Según la investigación, el valor diferencial de la región radica en la combinación de un entorno desértico extremo, una tradición agrícola documentada desde épocas nabateas y bizantinas y un conjunto de variedades de vid que desarrollaron mecanismos de adaptación a condiciones de calor y escasez hídrica.
El trabajo destaca que la viticultura israelí ocupa una posición singular al combinar la herencia histórica de las regiones vitivinícolas del Viejo Mundo con la innovación tecnológica característica de los países productores del Nuevo Mundo. En ese contexto, la recuperación de antiguas variedades cultivadas en el Néguev y el restablecimiento de la denominación histórica aparecen como una oportunidad para integrar patrimonio, investigación científica y desarrollo económico.

Arriba a la izquierda: semillas de uva halladas en Shivta / Centro: papiros de Nessana (imagen reproducida con autorización de la Autoridad de Antigüedades de Israel). / Arriba a la derecha: un lagar de escala industrial en Avdat (imagen reproducida con autorización de Gideon Avni). / Abajo a la izquierda: ánfora Late Roman Amphora 4 (conocida como “jarra de Gaza”) (cortesía de la Autoridad de Antigüedades de Israel). / Abajo a la derecha: mosaico del siglo VI d.C. descubierto en Kissufim, cerca de Gaza (imagen reproducida con autorización del Museo de Israel). / El mosaico representa a Orbikon, un conductor de camellos que transporta un racimo de uvas mientras guía un camello cargado con ánforas destinadas al comercio del vino de Gaza.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la identificación de vínculos genéticos entre vides silvestres actuales y antiguas variedades locales cultivadas históricamente en el desierto. Los investigadores sostienen que estas cepas poseen características especialmente valiosas frente a los desafíos del cambio climático, ya que demostraron durante siglos una notable capacidad para sobrevivir y producir en ambientes áridos. Por ello, proponen ampliar los proyectos experimentales actualmente desarrollados en la zona de Avdat e incorporar variedades autóctonas en otros viñedos del Néguev.
Los autores consideran que el conocimiento acumulado durante siglos de agricultura en condiciones extremas puede transformarse en una herramienta estratégica para la viticultura contemporánea. A su juicio, la restauración del terroir histórico del Néguev y de su identidad como región vitivinícola puede servir como modelo para otras zonas del mundo afectadas por el aumento de las temperaturas, la desertificación y la escasez de agua.
Como parte de esa estrategia, el estudio plantea tres líneas de acción prioritarias. La primera consiste en recuperar tecnologías agrícolas antiguas, como los sistemas de terrazas, la captación de agua de escorrentía y las prácticas tradicionales de manejo del suelo, adaptándolas a las necesidades actuales de la agricultura regenerativa. La segunda propone reintroducir variedades patrimoniales y poblaciones locales de vid, tanto para preservar la biodiversidad como para reforzar la identidad diferenciada de los vinos de la región. La tercera apunta al desarrollo de programas de enoturismo y turismo educativo que integren sitios arqueológicos, antiguos sistemas agrícolas, viñedos y bodegas contemporáneas.

Los investigadores concluyen que la combinación de genética ancestral, una historia extraordinaria y las actuales capacidades digitales de manejo de viñedos podría convertir al Néguev en un laboratorio de referencia para la investigación sobre vino y cambio climático. En su visión, la región tiene el potencial de transformarse en un modelo internacional de adaptación vitícola en zonas áridas, al tiempo que fortalece su desarrollo económico, turístico y cultural a partir de una tradición vitivinícola con más de tres mil años de historia.
La larga historia del vino en Israel
La obtención de la Indicación Geográfica Protegida para el Néguev se inscribe en una historia vitivinícola mucho más amplia, que acompaña el desarrollo de la actual Israel desde tiempos antiguos.
La evidencia arqueológica indica que la vid se cultivaba en Israel hace más de 5.000 años y que el vino ocupaba un lugar central en la vida religiosa, económica y social de los antiguos pueblos que habitaron el territorio. Los textos bíblicos mencionan frecuentemente el vino, desde el viñedo plantado por Noé hasta su presencia en rituales judíos que continúan vigentes en la actualidad.
Actualmente, el país cuenta con más de 300 bodegas, desde grandes grupos elaboradores hasta pequeños emprendimientos boutique. Sus vinos obtienen regularmente reconocimientos en concursos internacionales y han logrado posicionarse como una de las industrias vitivinícolas más dinámicas del Mediterráneo oriental.
En ese contexto de crecimiento y búsqueda de identidad regional, el reconocimiento oficial del Néguev representa un nuevo capítulo en la evolución del vino israelí, al incorporar al mapa mundial una región desértica cuya tradición vitivinícola se remonta a más de tres mil años.
Los tres milenios del vino en Néguev
En el caso de Neguev, la relación entre esta región y el vino se remonta a más de tres milenios. La evidencia arqueológica demuestra que la vid ya era cultivada en la zona durante los períodos bíblico, nabateo, romano y bizantino.
Todavía hoy pueden observarse antiguos sistemas de captación de agua, terrazas agrícolas y lagares excavados en roca distribuidos por todo el paisaje desértico. Los antiguos agricultores desarrollaron sofisticadas técnicas para aprovechar las escasas lluvias. Mediante sistemas de desviación de aguas de inundación, cisternas subterráneas y terrazas construidas sobre cauces temporales lograron sostener una agricultura productiva en uno de los ambientes más hostiles del Mediterráneo.


Izquierda: Lujosa finca rural de 1.200 años de antigüedad – Derecha: Semillas de vid (entre otras) de las fosas de basura de Néguev de 1.500 años
Durante siglos, el vino del Néguev tuvo relevancia económica y comercial. Era consumido localmente, utilizado con fines medicinales y exportado hacia distintos puntos del Mediterráneo. Los vinos de la región alcanzaron notoriedad bajo las denominaciones de sus puertos de salida, Gaza y Ashkelón.
La expansión del dominio musulmán a partir del siglo VII modificó profundamente la economía regional, la producción de vino perdió importancia y la actividad vitivinícola fue desapareciendo gradualmente. Durante aproximadamente 1.400 años la tradición enológica del Néguev permaneció prácticamente interrumpida.
El verdadero renacimiento comenzó recién en las últimas décadas, impulsado por nuevos agricultores, enólogos e inversores que vieron en el desierto una oportunidad para desarrollar una vitivinicultura diferenciada.
La construcción de una identidad regional
Un actor clave en este proceso ha sido Merage Foundation Israel, organización que en 2020 promovió la creación del Consorcio de Bodegas y Viñedos del Néguev.
La iniciativa reúne a productores de toda la región con el objetivo de fortalecer la cooperación técnica, desarrollar actividades conjuntas de promoción, fomentar el intercambio profesional y consolidar una identidad regional común.

Durante los últimos años, los vinos del Néguev participaron en acciones de promoción internacional realizadas en España, México y Estados Unidos. Entre ellas se destacó una misión integrada por 19 bodegas que presentó los vinos de la región en Madrid ante profesionales del vino, la gastronomía, el turismo y la prensa especializada.
Estas actividades contribuyeron a instalar el concepto de “vino del desierto” como una categoría diferenciada dentro de la vitivinicultura israelí y reforzaron el posicionamiento internacional de la región.
Fuentes: Israel Económico, Revista Enólogos, negevwine.co.il, Israeli Good Wine, trabajo de investigación «Propagating Terroir Revival in the Negev: How the Wine Industry Can Amplify Its Resilience to Climate Adversity through a Deeper Understanding of Historic Dryland Viticulture», de Joshua Schmidt y Guy Bar-Oz, de la Universidad de Haifa, publicado en la revista científica Horticulturae.









