El uso continuado de fungicidas a base de cobre en los viñedos sigue siendo una herramienta fundamental para el control de enfermedades como el mildiu. Sin embargo, su persistencia puede afectar la calidad del suelo y la actividad biológica impulsando la búsqueda de estrategias para reducir las dosis aplicadas y minimizar su impacto ambiental sin perder eficacia en el control de enfermedades. El siguiente artículo revisa distintas estrategias para reducir este impacto ambiental y mejorar la gestión del cobre en los viñedos, destacando la necesidad de combinar prácticas de manejo.
Autora: Marie-France Corio-Costet, INRAE Francia, publicado el 1/7 en IVES Technical Review
La viticultura europea de finales del siglo XIX sufrió desastrosas introducciones de agentes patógenos procedentes de América. Uno de los casos fue la aparición del mildiu que -en 1878- puso en riesgo la producción de uva.
La solución llegó con el desarrollo del caldo bordelés, una mezcla de sulfato de cobre y cal, que se convirtió en el primer fungicida de uso masivo por su alta eficacia para prevenir esta enfermedad.
Desde entonces, el cobre ha sido una herramienta fundamental tanto en la viticultura convencional como, especialmente, en la producción orgánica, donde sigue siendo uno de los pocos fungicidas autorizados.
Sin embargo, el uso repetido durante más de un siglo ha provocado una acumulación progresiva de cobre en los suelos de los viñedos, impulsando la búsqueda de estrategias para reducir las dosis aplicadas y minimizar su impacto ambiental sin perder eficacia en el control de enfermedades.
Material y métodos
Este estudio se ha realizado a partir de datos publicados con motivo del centenario del caldo bordelés en 1885 por Robert Lafon, con el apoyo de los historiadores, y de los datos del banco nacional de ventas de los distribuidores de productos fitosanitarios en Francia, disponibles en la página web BNVD traçabilité – eaufrance: https://ventes-produits-phytopharmaceutiques.eaufrance.fr/about, de donde se han analizado las ventas de productos cúpricos entre 2009 y 2023.
Origen histórico del caldo bordelés
Tras la reconstrucción del viñedo devastado por la filoxera, en la que se utilizaron especies americanas de Vitis para resolver la crisis filoxérica, el mildiu se importó de Norteamérica en 1878.
El mildiu, Plasmopara viticola, es un oomiceto, parásito obligatorio y endémico, observado en Francia en las cercanías de Coutras en una variedad de vid americana (Jacquez), en agosto de 1878, cerca de Libourne, en Francia. Millardet también lo observó en V. aestivalis en viveros de la Gironda ese mismo año.
Descrito por Planchon (atrofia debida a Peronospora viticola) y Millardet en 1878, se señaló y detectó en otras regiones francesas. Ya en 1882, el mildiu provocó pérdidas importantes, y las observadas durante los años 1897, 1910 y 1915 se debieron a ataques devastadores de esta enfermedad en el Médoc (Figura 1).
Esta enfermedad, especialmente dañina, se controló gracias al «caldo bordelés», una mezcla a base de cobre. No obstante, debido a la falta de mano de obra y de seguimiento, el ataque de mildiu de 1915 redujo la cosecha en más de la mitad a nivel nacional.

En octubre de 1882, P. M. Alexis Millardet y C. Ernest David descubrieron la eficacia del caldo bordelés para combatir el mildiu de la vid. Este descubrimiento, totalmente fortuito, se derivó de observaciones simultáneas que pusieron de manifiesto su acción.
En Borgoña, Pulliat señaló rápidamente, ya en 1883, la influencia de los postes rociados con sulfato, y Perray la confirmó en 1884 como protección contra el mildiu en las proximidades de los tutores. Paralelamente, en 1882, en el Médoc, el administrador E. David del Château Beaucaillou, en Dauzac,descubrió que los bordes de las parcelas encalados con una mezcla de cal y sulfato de cobre —con el fin de impedir que los ladrones recogieran la uva—limitaban el mildiu.
A. Millardet (Figura 2) fue testigo de este fenómeno y llevó a cabo una serie de ensayos (1883-1884). Las sales de cobre depositadas sobre las hojas impedían la germinación de las esporas del mildiu y, por consiguiente, la contaminación de la vid. Tras un descubrimiento en el agua de su pozo, sabía que el cobre poseía esta propiedad antigerminativa.
El profesor U. Gayon demostró que el agua procedente de una vieja bomba de cobre se enriquecía en cobre soluble y contenía una concentración 20 veces superior (5 mg/L) a la necesaria para eliminar las esporas del mildiu. Ya en 1884, E. David propuso una primera «receta» de la mezcla en la que se mezclaban 8 kg de sulfato de cobre disuelto en 100 L de agua con una mezcla de cal obtenida a partir de 15 kg de cal grasa en piedra en 30 litros de agua (Figura 2).
El profesor Gayon llegó en 1887 a la fórmula con un 2% de sulfato de cobre, de uso universal. Así surgieron dos mezclas: la «bordelesa» y la «borgoñona», inventada en 1887 por Masson, en la que la cal se sustituye por carbonato de sodio (Na2CO3). Ya en 1885 se demostró empíricamente la eficacia del caldo bordelés (Ca(OH)₂+ CuSO₄) contra el mildiu, y los tratamientos se generalizaron tras la grave plaga de 1886.
El caldo, más o menos biodisponible, se obtiene hoy en día mediante una mezcla extemporánea de lechada de cal (1,3 kg) con una solución de sulfato de cobre (2 kg/hl de agua). Desde entonces, han aparecido numerosas formulaciones a base de cobre que han contribuido a resolver este problema de biodisponibilidad. Además del caldo original, actualmente existen óxidos de cobre, oxicloruros de cobre, óxido cuproso y sulfatos de cobre (tetracuprico, tricalcico o tribásico).

Evolución de las formulaciones cúpricas y de las dosis
Las dosis de cobre homologadas han sido durante mucho tiempo superiores a 5 kg/ha, e incluso mucho más (hasta 80 kg/ha al año), lo que ha provocado su acumulación en los suelos de numerosos viñedos, con concentraciones de entre 1 y 400 mg de Cu/kg de peso seco del suelo, observadas con frecuencia en viñedos antiguos. Por otra parte, presenta cierta toxicidad para los organismos acuáticos y terrestres.
En la actualidad, a raíz de las exigencias de la Unión Europea y de los responsables políticos, estas dosis están sufriendo una reducción drástica (limitación a 4 kg/ha/año, con un promedio sobre 7 años de 28 kg/ha, Directiva CEE n.º 2092/91, reevaluación de la ANSES para 2025), pero con formas de cobre y formulaciones más eficaces (por ejemplo, hidróxido de cobre a 0,75 kg/ha).
Así pues, el cobre figura en la lista de sustancias activas candidatas a la sustitución elaborada por la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo (ANSES) de Francia y la Unión Europea. Sin embargo, se considera que el cobre estimula las defensas de la vid al favorecer el engrosamiento de las paredes celulares, la actividad peroxidasa soluble y la producción de polifenoles.
Usos actuales y restricciones normativas
El cobre sigue siendo el único pesticida eficaz en la agricultura ecológica (AB) contra el mildiu, aunque no figure en la lista de productos de control biológico en Francia. Entre 2013 y 2016, este tipo de agricultura utilizó tres veces más cobre que la convencional. La última revisión de la ANSES -en 2025- condujo a la retirada de 17 de los 34 productos específicos a base exclusiva de cobre destinados al sector vitivinícola en Francia.
El análisis realizado sobre las ventas de productos cúpricos a nivel nacional (Francia) revela que las cantidades de cobre metálico oscilan entre las 1.500 y las 2.500 toneladas de metal vendidas anualmente (Figura 3), siendo el sulfato de cobre el que representa entre 700 y 1.500 tn, con un pico de más de 2.500 tn en 2018, debido a graves epidemias de mildiu. Esto se traduce en importantes ventas en Gironda y en la costa atlántica, pero también en el arco mediterráneo. Sin embargo, desde 2010 se ha observado una disminución de las ventas de cobre (aproximadamente un -5%, variable según la añada). Entre 2013 y 2018, el sector vitivinícola compraba unas 1.000 tn de cobre al año.

Conclusión
Las soluciones de cobre, más de 140 años después de su descubrimiento, siguen siendo muy utilizadas e imprescindibles en la viticultura ecológica. A corto plazo, la reducción de las dosis de cobre y la optimización de los tratamientos siguen siendo un reto, al que responde un plan de acción estratégico destinado a desarrollar técnicas alternativas de lucha contra el mildiu en la viticultura como el proyecto PARSADA (Plan d’action stratégique pour l’anticipation du potentiel retrait européen des substances actives), una convocatoria de subvenciones de FranceAgriMer dotada con hasta 50 millones de euros, cuyo objetivo es financiar proyectos de investigación y desarrollo (de 3 a 5 años) que reduzcan la dependencia a los fitosanitarios de síntesis.
A medio plazo, el uso de productos naturales, microorganismos, bioestimulantes, estimuladores de las defensas, extractos naturales o la mejora varietal, en combinación con dosis reducidas de cobre, o incluso la optimización de las formulaciones (nanopartículas), permitiría limitar el uso del cobre y optimizar las estrategias de tratamiento.
Cambiar de paradigma, luchando contra la producción de inóculo primario (oosporas) en el año N-1, en lugar de prevenir o intentar paliar la expansión de la epidemia en el año N+1, son vías prometedoras para limitar la dependencia del cobre.









