La Flavescencia Dorada (FD) continúa expandiéndose y generando importantes impactos en la sanidad y productividad de los viñedos, lo que refuerza la necesidad de profundizar en su estudio y control. En este contexto, resulta clave impulsar investigaciones que consideren las condiciones locales y permitan comprender mejor la dinámica de los vectores y fitoplasmas. Estos avances serán abordados el 18/5 en un webinar de la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV), que reunirá a expertos para analizar la epidemiología de la enfermedad y las estrategias más recientes para limitar su propagación.
Los numerosos trabajos científicos realizados desde la segunda mitad del siglo XX han dado lugar a grandes avances en materia de diagnóstico en el viñedo y en el laboratorio. Sin embargo, las recomendaciones en materia de control no han resultado del todo suficientes para contener la propagación de la enfermedad en las zonas vitícolas afectadas por la FD, ni para evitar que llegue a zonas no afectadas. Por diversos motivos, algunos inciertos, las epidemias de FD no están en retroceso, sino que siguen ganando terreno, si bien a un ritmo menor que el de las primeras epidemias, y continúan provocando grandes daños al sector vitícola.
Aunque se ha avanzado mucho, es fundamental llevar a cabo estudios que tengan en cuenta las condiciones locales (características agronómicas, agrícolas y ambientales de las zonas vitícolas) para conocer mejor las dinámica de propagación de los vectores y fitoplasmas, y gestionar mejor los métodos de control.

La OIV, sin perjuicio de los principios generales, invita a los Estados miembros, los servicios fitosanitarios, las instituciones territoriales y las asociaciones interprofesionales a reforzar la formación y la transferencia de tecnología, y a promover nuevas investigaciones científicas centradas en aspectos que, a corto, medio y largo plazo, puedan aportar respuestas útiles para contener las epidemias de FD. Entre sus propuestas, la entidad considera esencial que se dé más importancia a la formación y a la actualización técnica de los viticultores y su personal.
En este sentido, el lunes 18 de mayo de 2026, de 6 a 8 am (Argentina), la OIV invita al seminario web «Flavescencia dorada: de las estrategias colectivas a la protección del viñedo» (a través de la App OIV), que reunirá a expertos y partes interesadas de primer nivel para compartir los conocimientos más recientes sobre las estrategias para contener su propagación. El webinar será en inglés, pero la traducción en directo impulsada por IA estará disponible en varios idiomas.
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Disertantes
–Elisa Angelini – Presidente del Grupo de Expertos de la OIV sobre Protección de Vides
-Camille Picard – Oficial Científica Senior, Organización Europea y Mediterránea de Protección Vegetal (EPPO)
–Marion Saüquere – Director, Confederación de Denominaciones y Viticultores de Borgoña (CAVB)
–Agathe Mazardin – Gestor de Proyectos de Sostenibilidad de Viñedos, Comité des vins de Bourgogne – Bourgogne Wine Board
–Stefano Boncompagni – Director del Servicio de Protección de Plantas de la Región de Emilia-Romaña (Regione Emilia-Romagna)
Cuáles son los vectores de la FD
Se ha constatado científicamente la existencia de varias enfermedades causadas por fitoplasmas (bacterias de la clase Mollicutes, incultivables y parásitas estrictas del floema) que afectan al género Vitis, clasificándolos en distintos grupos y subgrupos filogenéticos. Todos ellos producen síntomas parecidos, pero presentan distintas características epidemiológicas, lo que se traduce en distintos niveles de gravedad, riesgo y nocividad.
Los fitoplasmas asociados a la FD sensu stricto (es decir, transmisibles por el vector principal, Scaphoideus titanus) pertenecen a los subgrupos C y D del grupo filogenético 16SrV. Además de en los viñedos, suelen encontrarse también en portainjertos abandonados, especies silvestres de Vitis o híbridos, y a veces en otras especies vegetales, en particular Clematis vitalba, Ailanthus altissima y Alnus glutinosa, que, en presencia de determinados insectos vectores, son fuentes ocasionales de infección para la vid.
La FD de la vid se transmite no solo por injerto de estacas de plantas infectadas (plantas injertadas o portainjertos), sino también de forma natural por cicadélidos y fulgoromorfos, entre los que cabe destacar el cicadélido S. titanus Ball., muy vinculado a la vid. En estudios recientes se ha demostrado que la transmisión de fitoplasmas asociados a la FD y otros fitoplasmas similares del grupo 16SrV-C se produce a veces por medio de otros cicadélidos y fulgoromorfos (p. ej., Oncopsis alni, Orientus ishidae, Dictyophara europaea, Phlogotettix cyclops y Allygus sp.) presentes en el medio y no necesariamente vinculados a la vid.

Los estudios realizados a lo largo de los años han permitido obtener importantes resultados:
- Los síntomas atribuibles a las fitoplasmosis son comunes a distintas especies de fitoplasmas y están bien documentados,
- Las actuales técnicas de diagnóstico biomolecular permiten detectar con un alto grado de fiabilidad fitoplasmas en muestras de hojas y pámpanos de vid, y distinguir los grupos, subgrupos y cepas a los que pertenecen,
- Solo mediante controles oportunos y periódicos sobre el terreno es posible detectar las plantas enfermas, desde el vivero hasta la plantación de nuevas vides y a lo largo de toda la vida del viñedo,
- Existen diferencias de sensibilidad y tolerancia/resistencia a las fitoplasmosis entre las variedades de vinificación, las de uva de mesa y las de portainjertos,
- El arranque y la eliminación de las vides enfermas durante el período vegetativo (tan pronto como sea posible tras la confirmación de la infección) es un método válido y eficaz para prevenir la propagación de la epidemia,
- Se recomienda el control estricto de los vectores de fitoplasmas, que es proporcional a la densidad de población, la fenología y la prevalencia de las vides infectadas por la flavescencia dorada,
- En la actualidad, no existen prácticas de control de vectores alternativas a la utilización de insecticidas, pero cabe esperar que, en un futuro, será posible actuar contra los vectores de fitoplasmas con métodos y técnicas de control cada vez más sostenibles (como la interrupción del apareamiento mediante vibraciones[1], por ejemplo),
- En el vivero o antes de plantar nuevas vides, el tratamiento con agua caliente para desinfectar el material de multiplicación vitícola es actualmente la mejor opción a efectos de profilaxis (Resolución OIV-VITI 565-2022).
Causas de la propagación de la FD
Estas son algunas de las causas, según indica la OIV, que explican por qué no se ha logrado evitar la propagación de la epidemia:
- Conocimiento insuficiente de la FD, en particular de la sintomatología, la transmisión, la sensibilidad varietal y las estrategias de control de vectores por parte de los viticultores de las zonas afectadas y no afectadas,
- Tratamientos insecticidas no adaptados al estado fenológico del vector y pulverización de mala calidad,
- Dada la tendencia general a adoptar prácticas sostenibles, entre ellas el uso sostenible de productos fitosanitarios, la reticencia de algunos viticultores a eliminar las vides enfermas para controlar el vector puede comprometer el éxito de los esfuerzos colectivos,
- La reducción del número de insecticidas y de su utilización en el viñedo contra diversos insectos (gestión integrada de plagas, desarrollo de la interrupción del apareamiento contra otros insectos, limitación del uso de productos de eficacia probada) puede haber propiciado un control menos eficaz de S. titanus,
- Semejanza con síntomas de otras fitoplasmosis, en particular la madera negra,
- El abandono de viñedos, la presencia de zonas boscosas o sin cultivar cerca de los viñedos.

Recomendaciones de la OIV
Entre los criterios para combatir las epidemias de FD, la OIV considera esencial que se dé más importancia a la formación y a la actualización técnica de los viticultores y su personal. El apoyo y la orientación técnica de las organizaciones profesionales y los servicios de asistencia técnica, incluidos los comerciales, son esenciales para la gestión de medidas profilácticas adecuadas, que deben aplicarse a gran escala y de forma colectiva.
El incumplimiento de las directrices de control de enfermedades por parte de unos pocos puede ser muy perjudicial para toda la comunidad. Las normas de cuarentena y los controles fitosanitarios en los viveros son la principal estrategia de prevención. La posible presencia de plantas con síntomas de infección por fitoplasmosis (en particular FD) procedentes de viveros puede detectarse en el verano del primer año de plantación en el viñedo. Asimismo, es fundamental examinar todas las vides jóvenes.
Todavía existen regiones y zonas vitícolas en las que no se ha detectado la FD y donde no está presente. También es obligatorio identificar las zonas en las que el fitoplasma de la FD aún no está presente en los viñedos, pero que ya han sido colonizadas por el principal vector asociado con el desarrollo de la epidemia, S. titanus, porque, en este caso, es necesario reforzar las medidas preventivas. Por lo tanto, las medidas de vigilancia son absolutamente necesarias para prevenir la introducción y el establecimiento del patógeno y/o su vector.
Para ello, la OIV recomienda promover nuevas investigaciones científicas centradas en aspectos que, a corto, medio y largo plazo, puedan aportar respuestas útiles para contener las epidemias de FD, en particular:
- Modelización y armonización del seguimiento de la enfermedad y de los vectores mediante técnicas modernas, digitales e informatizadas;
- Interacción entre planta y patógeno:
- Respuesta de las distintas variedades a la infección y otros mecanismos (resiliencia, inmunización) que regulan la sensibilidad, la distribución y la persistencia del fitoplasma en las plantas infectadas;
- Mejora genética de vid para aumentar la resistencia a la enfermedad;
- Estimulación de las defensas endógenas de la vid frente a la enfermedad y el vector mediante la aplicación in situ de productos inductores;
- El papel de los vectores del fitoplasma asociado a la FD;
- Etología de S. titanus, y su adaptación al cambio climático y a los cambios en las prácticas agrícolas
- Factores y mecanismos de interrupción del proceso reproductivo;
- Estrategias de lucha y control;
- Agentes de control biológico de vectores, incluidos los biotecnológicos;
- Evaluación de los posibles efectos indeseados de las máquinas agrícolas;
- Interacciones entre vector y patógeno: mecanismos de infección, multiplicación y transmisión del patógeno;
- Interacciones con el medio ambiente: el papel de las plantas hospedadoras secundarias (vectores asociados) y de las vides abandonadas;
- Sostenibilidad económica y medioambiental: efectos de las epidemias sobre la producción de vino, longevidad de los viñedos, métodos de erradicación, y sostenibilidad medioambiental y sanitaria de los tratamientos insecticidas.
Medidas de prevención
Las normas de cuarentena y los controles fitosanitarios en los viveros son la principal estrategia de prevención. La posible presencia de plantas con síntomas de infección por fitoplasmosis (en particular FD) procedentes de viveros puede detectarse en el verano del primer año de plantación en el viñedo. Asimismo, es fundamental examinar todas las vides jóvenes.
Por lo tanto, las medidas de vigilancia son absolutamente necesarias para prevenir la introducción y el establecimiento del patógeno y/o su vector. Las normas de prevención vigentes (cuarentena, certificación del material de multiplicación) pueden representar un medio eficaz de profilaxis; no obstante, no garantizan la ausencia absoluta de fitoplasmas y vectores, en particular de huevos de S. titanus depositados bajo el ritidoma y la corteza de sarmientos de dos o más años, lo que puede ocurrir cuando no se observan en los viveros las medidas de prevención recomendadas.
En zonas de reciente aparición, se prioriza la notificación inmediata de los casos, la vigilancia intensiva del territorio y el arranque de plantas infectadas o incluso de viñedos completos cuando la incidencia es elevada. A esto se suma el control del vector Scaphoideus titanus mediante monitoreo sistemático y tratamientos insecticidas ajustados a su ciclo biológico, junto con la eliminación de posibles reservorios como viñedos abandonados o portainjertos asilvestrados.
En áreas con antecedentes de la enfermedad, las acciones se orientan a la contención, combinando el arranque selectivo de plantas, la reducción y ajuste de tratamientos según la evolución epidemiológica y el manejo del entorno para evitar nuevas fuentes de infección. En todos los casos, se destaca la importancia del uso de material vegetal tratado, como el sometido a agua caliente, y de prácticas sostenibles adaptadas a cada sistema productivo.
De manera transversal, se promueve un enfoque integrado basado en modelos biológicos, sistemas de colaboración entre instituciones y capacitación continua de los actores involucrados. La optimización de los tratamientos, el manejo agronómico adecuado y la eliminación de fuentes de infección resultan claves para limitar la propagación de la enfermedad, reconociendo que su erradicación total no es posible, pero sí su control efectivo mediante estrategias coordinadas.
Fuente: Organización Internacional de la Vid y el Vino










