Cada 24 de mayo se celebra en Argentina el Día Nacional de la Olivicultura, una fecha que reconoce el valor histórico, cultural y productivo de una de las economías regionales más representativas del oeste argentino. En este marco, Oleovid Finca Escuela y Fundación Seminare recuerdan esta fecha conmemorativa para homenajear y poner en valor la actividad olivícola y su aporte al desarrollo regional.
La historia de la olivicultura argentina se remonta a fines del siglo XVI, con la llegada de los primeros olivos introducidos por los colonizadores españoles. Las condiciones climáticas y de suelo de las regiones áridas y semiáridas del oeste argentino favorecieron rápidamente la adaptación del cultivo, especialmente en territorios que hoy comprenden las provincias de La Rioja, San Juan, Catamarca, Mendoza y Córdoba. Con la finalidad de poner en valor la actividad, el 24 de mayo de 1953 se firmó el Decreto Nacional Nº 7030/53 creando el «Día Nacional de la Olivicultura».
Uno de los hitos fundacionales de esta actividad se encuentra en Aimogasta, La Rioja, donde según la tradición histórica fue plantado en 1591 el olivo que posteriormente sería reconocido como el “Padre de la Olivicultura Argentina”.
Ese árbol centenario, declarado Monumento Histórico Nacional y Árbol Histórico Nacional, representa un fuerte componente identitario para el sector y simboliza el origen de una actividad que con el tiempo se transformó en una de las economías regionales más importantes del país. En torno a él se desarrolló una cultura productiva profundamente vinculada al trabajo en zonas áridas y semiáridas, donde el manejo eficiente del agua, la adaptación varietal y la innovación tecnológica han sido determinantes para el crecimiento de la actividad.


Durante la etapa colonial, la producción de aceitunas y aceite de oliva tuvo inicialmente un carácter doméstico y religioso, aunque con el correr de los siglos comenzó a consolidarse como actividad comercial. Ya en el siglo XIX, la expansión de las fincas olivícolas permitió abastecer mercados regionales y desarrollar las primeras experiencias industriales vinculadas a la elaboración de aceite.
El verdadero crecimiento del sector llegó durante el siglo XX, impulsado por políticas de promoción agrícola, mejoras en los sistemas de riego y la incorporación de tecnología en cultivo, cosecha y procesamiento. En paralelo, Aimogasta comenzó a posicionarse como uno de los grandes centros olivícolas del país y desde 1942 realiza la tradicional Fiesta del Olivo, antecedente directo de la actual Fiesta Nacional de la Olivicultura.
En las últimas décadas, la olivicultura argentina experimentó una fuerte modernización orientada a la calidad y a la exportación. La incorporación de sistemas intensivos y superintensivos, nuevas tecnologías de extracción y estándares internacionales permitió que los aceites de oliva argentinos obtuvieran reconocimiento global por su perfil sensorial y calidad premium.
En este proceso, el varietal Arauco ocupa un lugar central dentro de la identidad olivícola nacional. Considerado el gran cultivar criollo argentino, se destaca por su intensidad aromática, estabilidad y fuerte personalidad, convirtiéndose en uno de los emblemas del aceite de oliva argentino en el mundo.


Actualmente, la cadena olivícola representa una actividad estratégica para numerosas economías regionales, integrando producción primaria, industria, innovación tecnológica, turismo rural y agregado de valor. Además de su importancia económica, el olivo continúa siendo símbolo de arraigo, resiliencia y desarrollo sostenible en zonas áridas del país.
La fecha de la celbración coincide históricamente con el cierre de la cosecha de aceitunas, transformándose en un momento de reconocimiento para productores, técnicos, elaboradores e industrias vinculadas a la cadena olivícola argentina.
Desde Fundación Seminare y la Finca Escuela Oleovid destacaron además la importancia de continuar fortaleciendo la innovación, la sustentabilidad y el agregado de valor dentro de la cadena olivícola nacional y su importancia como patrimonio cultural y alimentario, en un contexto donde la calidad de los aceites argentinos continúa ganando reconocimiento internacional.
«Porque detrás de cada olivo hay historia, conocimiento y trabajo. Y detrás de cada aceite argentino, identidad y territorio», expresó Stella Vanucci de Fundación Seminare.










