El presidente de Bodegas de Argentina afirma que no hay una crisis sectorial sino casos puntuales

Las dificultades financieras que atraviesan algunas grandes bodegas, ha puesto en el tapete la diferencia de opiniones respecto a si la vitivinicultura argentina está atravesando una crisis o no. En la voz de Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina, se trata de casos puntuales y no de una generalidad.

La periodista mendocina Sol Devia conversó con el presidente de Bodegas de Argentina, Walter Bressia, sobre el complejo estado financiero de algunas empresas, con los casos de Norton, Bianchi y recientemente Casa Montes, de San Juan. En esta entrevista, que fue publicada por Infocampo, el bodeguero refiere que no hay un problema estructural ni generalizado de la industria del vino, sino que se trata de casos puntuales. Y que las deudas de millones de pesos que adquirieron estas bodegas se da en un contexto marcado por la caída del consumo, la desaceleración inflacionaria y un proceso general de reacomodamiento.

El complejo presente de las bodegas

Durante su charla con Infocampo, Bressia aseguró que así como las bodegas antes mencionadas atraviesan un momento complejo desde lo financiero, hay otras que presentan resultados positivos. Entre los motivos detrás de este escenario, el empresario enumeró la desaceleración de la inflación, que desnudó ciertas fragilidades en las empresas. Además contó cuáles son las expectativas para la vendimia que ya está en marcha y el rol del Estado en este contexto, entre otros temas.

Walter Bressia -Lo podemos dividir en dos partes. Esto hay que verlo como una situación particular de estas empresas y no tomarlo como algo generalizado, porque no lo es. Así como hay empresas que, en este caso, pueden estar complicadas financieramente -porque es un problema financiero y no económico-, hay otras a las que les va muy bien y no tienen mayores inconvenientes.

Lógicamente, esta situación a la que se ha llegado también tiene que ver con el contexto. Al estar atravesando un proceso de desaceleración de la inflación, estos problemas quedaron más visibles, porque al no poder aumentar los productos para seguir siendo competitivos, la situación llegó a un límite.

De todos modos, no está en el ánimo de ninguna de las empresas dejarlas caer. La intención es salir adelante. En ese sentido, una de las empresas ha solicitado el concurso de acreedores, que comenzaría ahora en febrero. En el caso de Bianchi, por el momento lo que tiene es un cheque rechazado, pero no ha pedido concurso preventivo.

Son situaciones que no es la primera vez que ocurren, ni en nuestra actividad ni en ninguna otra. Han pasado muchas veces en bodegas y volverán a pasar. No es atribuible a un problema generalizado del sector. Se da en un momento puntual, en un contexto de reacomodamiento general, pero no como para interpretarlo de manera extendida ni generar un malestar general.

-Creo que va a ser una vendimia mucho más tranquila en cuanto a la compra de uvas y la elaboración de vinos. El mercado necesita reactivarse. Hacia fines del año pasado se notó una recuperación del consumo en el mercado interno y esperamos que este año esa tendencia continúe y se consolide.

Por eso, creo que va a ser más un año de elaboración de vinos que un año de mercado de uvas. Ese es, en líneas generales, el panorama que estamos viendo desde la institución. Las bodegas están haciendo un esfuerzo muy grande: desde las empresas se está sosteniendo a las marcas con muchas promociones, sacrificando rentabilidad hasta el límite. Las expectativas están puestas en que el consumo se reactive y que las exportaciones también acompañen.

-Cuando hablamos de mercado de uvas, nos referimos a la práctica en la que la bodega compra la uva directamente a los productores, por zonas o regiones. Cada zona tiene un precio particular, en función de sus características. En cambio, el mercado de vinos implica que el productor lleve su uva a la bodega para su elaboración. La bodega realiza el vino y cobra un costo por ese servicio. Luego, a lo largo del año, ese vino puede ser comprado por la misma bodega donde se elaboró o vendido a otra, a través del traslado de vinos.

-Por ahora se trata de dos casos aislados. La situación, no solo para la vitivinicultura sino para muchas actividades, no es la mejor, y eso hay que tenerlo en cuenta. No tenemos referencias de que pueda aparecer otra bodega en una situación similar; lo que hoy existe es esto. De todos modos, hay voluntad de ambas empresas de salir adelante.

El contexto, como digo, no es favorable: hay una caída del consumo y, al mismo tiempo, no hay inflación que permita trasladar aumentos de costos a los precios.  Antes, con subas permanentes de insumos, los precios también aumentaban y se generaba una rueda que mantenía el flujo de fondos en movimiento. De alguna manera, esa dinámica enmascaraba los problemas. Hoy, al no existir esa posibilidad y con un consumo en retroceso, la situación se manifiesta de otra forma.

-Las expectativas las vemos de manera positiva, pero con prudencia. Hay que ser cautos: no esperamos un crecimiento explosivo, sino, en el mejor de los casos, un crecimiento gradual. Si tuviera que dar una opinión sobre qué hacer en este contexto, diría que, en la medida de lo posible, estos son años para invertir en equipamiento.

Contar con un dólar estable permite avanzar con inversiones en los establecimientos, especialmente para mejorar la competitividad. El camino y el desafío hacia adelante es ser cada vez más competitivos. Y para lograrlo no se trata de pensar en aumentos desmedidos de precios, sino de crecer en calidad y mejorarla a partir de una mayor productividad.

-Yo creo que es un tema particular de cada empresa. En este sentido, el Gobierno no tiene ni debería tener injerencia, porque se trata de situaciones propias del funcionamiento de cualquier empresa. Cuando surgen problemas, son las propias compañías las que deben buscar la manera de resolverlos. Si el Estado eventualmente quisiera dar una mano, podría hacerlo, pero no sería algo que le corresponda de manera directa.