Las declaraciones de un ingeniero agrónomo español sobre el uso, por parte de Argentina, de un producto prohibido en la elaboración de vinos fueron replicadas por medios nacionales y generaron repercusión. Mientras la nota original -publicada en un medio de España- contextualizaba esas afirmaciones y las relativizaba, la cobertura del diario Clarín omitió parte de esos argumentos. Ante la difusión de la información, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) emitió un comunicado para aclarar la normativa vigente y desmentir las acusaciones.
En el marco del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, surgieron cuestionamientos desde el sector vitivinícola español sobre las condiciones de competencia con los vinos argentinos. En ese contexto, una nota publicada por un medio español y luego reproducida por Clarín dio lugar a una serie de aclaraciones por parte del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
El presidente de la entidad, Carlos Tizio, se refirió al tema con fundamentos sólidos:
«Con respecto a la denuncia realizada por un ingeniero agrónomo español del que solo se sabe el nombre y que fuera reproducida por el Diario Clarín titulada: Julián, ingeniero agrónomo español: “Nuestro vino no va a poder competir con el de Argentina, siguen usando un producto que nos quitaron a nosotros”, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) quiera aclarar que, si bien en la nota periodística no se menciona el agroquímico en cuestión, estimamos que se trataría del arseniato de sodio utilizado como fungicida para combatir un hongo de la vid»
«El reclamo del viticultor español no tiene ningún sustento, ya que en Argentina se encuentra prohibido desde el año 2011 por medio de la Resolución 532/2011 SENASA. (Anexo Clase Ib.) Además el Decreto Nº 2121 del año 1990 referido a Sanidad Vegetal prohibió de forma total el uso de arsénico. Decreto N° 2121/1990 – – Digesto Normativo del SENASA. Por este motivo, consideramos que se generan sospechas sobre la vitivinicultura argentina desde el desconocimiento de su legislación y el trabajo de los organismos nacionales dedicados al control de la genuinidad y aptitud para el consumo humano de los productos vitivinícolas que funcionan en la órbita de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación».
«También se ignora que la República Argentina es un miembro activo de organizaciones internacionales como la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino) y el Grupo Mundial de Comercio del Vino – World Wine Trade Group sumado al reconocimiento internacional con que cuentan los Laboratorios del INV y los vinos elaborados en nuestro país» Le cambiaron el título y la editaron y agregaron parte de nuestra respuesta. Le bajaron el tono a las declaraciones del viticultor español pero no publicaron la respuesta completa.
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Declaraciones sin argumentos, el comienzo de la polémica
La polémica surgió tras las declaraciones de un ingeniero agrónomo y viticultor español, quien expresó su preocupación por el impacto que el acuerdo tendría acuerdo sobre los productores de vino españoles.
El profesional sostuvo que el vino argentino podría competir con ventaja por menores costos de producción y afirmó que en Argentina aún se utilizaría un producto a base de arsénico prohibido en la Unión Europea desde 2003, lo que calificó como una situación de competencia desleal. «Nuestra uva, nuestro vino, no va a poder competir con el de Argentina», dijo el agrónomo.
Sin embargo, el autor del artículo -Adrián Villellas- aclara que esa afirmación necesita contexto y no constituye una prueba de que el vino argentino se produzca actualmente con ese producto. Explica que, si bien el arsenito de sodio fue prohibido en Europa en 2003, en Argentina los compuestos arsenicales para uso agrícola también fueron prohibidos o retirados por el SENASA en 2009.
Además da cuenta de que la Organización Internacional de la Viña y el Vino revisó el límite máximo de arsénico en vino y fijó 0,1 mg/L para los vinos elaborados a partir de la campaña de 2023, sustituyendo el límite anterior de 0,2 mg/L. «Esto no significa que el vino sea peligroso por sistema. Significa que las autoridades y los organismos técnicos consideran necesario mantener el arsénico lo más bajo posible. En la práctica, el consumidor no puede analizar una botella en casa. Depende de los controles, de la trazabilidad y de que las normas se apliquen igual a todos», indica Villellas.
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Y recuerda que todo vino que ingresa al mercado europeo debe cumplir los controles sanitarios y los límites máximos de residuos exigidos por la normativa de la Unión Europea. Por ello, concluye que la preocupación del sector vitivinícola español responde principalmente al debate sobre las diferencias regulatorias y los costos de producción derivados del acuerdo UE-Mercosur, más que a una evidencia de que el vino argentino incumpla las normas sanitarias.
«Su preocupación no va solo de vino. Va de costos, normas, tratamientos, burocracia y precios en el supermercado. Aquí conviene pisar el freno. Que el arsenito de sodio se retirara en Europa en 2003 es un dato comprobable. Otra cosa distinta es afirmar, sin más, que el vino argentino actual se produzca con ese producto y llegue así a la UE», indicó el periodista a cerca de los dichos del viticultor.








