Héctor Bertona: «En la UTN preparamos enólogos para que impulsen el consumo de vino con calidad y creatividad»

Héctor Bertona es licenciado en Enología y director de las carreras de Enología en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) en Mendoza. Nacido en el seno de una familia de inmigrantes vinculada a la vitivinicultura, compartió con Punto Vid su amor por esta industria y las razones que lo llevaron a abrazar la docencia. Su trayectoria ha sido fundamental en la formación de grandes profesionales que hoy prestigian al mundo del vino.

Por Lorena Mellone, directora Punto Vid

Referente indiscutido de la enología mendocina, la historia de Héctor Bertona está profundamente ligada a la tradición vitivinícola y a la formación académica del vino argentino. Su título de licenciado en enología lo obtuvo en la Facultad Don Bosco Rodeo del Medio, institución que marcó de manera decisiva su recorrido profesional.

Fue alumno de una de las últimas camadas del padre Francisco Oreglia, figura fundamental de la enología nacional. La admiración por sus mentores —entre ellos Norberto Richardi y José Manuel Menegazzo— no sólo definió su mirada técnica, sino que despertó una vocación docente que sostiene desde hace 38 años.

A lo largo de ese camino, combinó la producción vitivinícola con la enseñanza, formando generaciones de profesionales que hoy se desempeñan en bodegas de Argentina y del mundo. En esta entrevista con Punto Vid, repasa sus orígenes, su carrera y los desafíos actuales de la enología.

Héctor Bertona-Vengo de una familia con tradición vitivinícola que, hasta donde sabemos, es quinta generación desde Italia, de la región de Emilia-Romaña. Mis bisabuelos llegaron a Mendoza y se dedicaron inmediatamente a la vitivinicultura. De ahí nace un poco la pasión.

Eran productores y elaboradores. Mi abuelo tenía una bodega en Agrelo, sobre la calle Brandsen. De hecho, la casa donde nació mi padre estaba dentro de la bodega. Los Bertona éramos prácticamente un clan: en esa zona varias propiedades de las calles Brandsen y Cobos pertenecían a miembros de la familia.

-Mi abuelo tuvo nueve hijos, entre ellos mi papá. Como suele pasar en las empresas familiares, todos trabajaban juntos. Mi padre contaba que, incluso durante las vacaciones o después del colegio, mi abuelo los llevaba al viñedo. En invierno los dejaba a cada uno con una cantidad de hileras para podar y volvía a buscarlos al mediodía para almorzar.

También hay anécdotas muy pintorescas. Mi papá y dos de sus hermanos iban a la escuela en Lulunta montados en un burro, pero a veces el animal rompía la soga y se volvía solo a la casa, así que los chicos tenían que caminar ocho kilómetros de regreso, en calles que en esa época eran de tierra.

Con el tiempo, mi abuelo llegó a tener cinco mil hectáreas en lo que hoy es Medrano. Después esas tierras se fueron dividiendo entre los herederos. Yo también planté viñedos en Barrancas; la última finca que desarrollé fue en 2004.

La familia Bertona: la abuela de Héctor y sus 9 hijos, pioneros del Malbec en Agrelo, Luján de Cuyo. 

—Me recibí en la Facultad Don Bosco (Rodeo del Medio), donde obtuve medalla de honor. Empecé a trabajar enseguida: pasé por Bodega Norton, Grupo Cartellone y Filippini. Luego inicié mis propios proyectos vitivinícolas.

Al año siguiente de recibirme, Don Bosco me convocó para dar clases. Empecé con Química Enológica y después con Enología. Más adelante, en la UTN dicté Enología I y II en la tecnicatura, y Enología A y B en la licenciatura. Y hace 9 años soy director de la carrera.

También tuve la suerte de ser Decano y Director de Enología en la Universidad Maza, la Universidad Católica de Cuyo y fui Director de postgrados de educación en la Universidad de Congreso.

Llevo 38 años como docente. Estoy cerca de jubilarme, aunque sinceramente no sé si voy a dejar de enseñar. Nadie da clases por dinero: esto se hace porque realmente gusta.

-Sí, fui alumno de figuras enormes como el padre Francisco Oreglia, Norberto Richardi y José Manuel Menegazzo. Recuerdo especialmente a Oreglia, pertenecí a una de las últimas promociones que tuvieron clases con él. Lo fui a visitar al hospital cuando estaba muy enfermo; al día siguiente falleció. Creo que fui una de las últimas personas en verlo con vida. Le tenía una enorme admiración.

También compartí la docencia con Roberto González. Él fue mi adjunto en Don Bosco durante varios años y construimos una gran relación profesional y personal.

-Cuando ingresamos éramos 120 estudiantes: 117 varones y sólo tres mujeres. Hoy la situación es completamente distinta. Actualmente, cerca del 65% de ingresantes son mujeres.

Esto también refleja un cambio cultural enorme. Antes era muy difícil que una mujer se posicionara frente a operarios o equipos de trabajo. Hoy muchas lideran bodegas.

Además, creo que la mujer tiene una sensibilidad muy interesante para el diseño del vino, con los cortes, las características aromáticas. Siempre digo que los enólogos tenemos algo de artistas: si le pedís a Picasso que pinte dos cuadros iguales, no puede. Con el vino pasa lo mismo.

El 65% de ingresantes a la carrera de Enología de la UTN son mujeres.

La UTN y su formación enológica

-La UTN es la universidad tecnológica más grande del país, con 30 sedes. Aunque está históricamente vinculada a las ingenierías, hace más de 20 años que dictamos la carrera de enología.

Tenemos una tecnicatura de tres años y una licenciatura que se completa en un año y medio adicional. Los estudiantes trabajan con viñedos y bodega propios. La bodega es exclusivamente pedagógica: los vinos los elaboran íntegramente los alumnos, desde la cosecha hasta el fraccionamiento y ya obtuvimos nueve premios con esos vinos. No es el objetivo principal, pero sirve como estímulo.

Izquierda: Sede en Mendoza Ciudad – Derecha: Nueva sede en Rivadavia

La bodega elabora un máximo de mil botellas al año, y tiene -a pequeña escala- todo el equipamiento necesario: moledora, filtro de placa, filtro de tierra, tanques de acero inoxidable, tapadora. Además contamos con una cámara de frío muy linda, que se utiliza para hacer la maceración pre-fermentativa.

Prácticas de alumnos en la bodega de la UTN.

-Están detrás del predio de la UTN. Allí los alumnos realizan prácticas completas: poda, manejo del viñedo y cosecha. Actualmente el viñedo es principalmente Malbec, aunque estamos impulsando proyectos con Bonarda porque buscamos innovar y aportar nuevas miradas a la industria. Muchos de nuestros premios fueron con Bonarda proveniente de Lavalle y Medrano, lo que demuestra el potencial de las regiones menos tradicionales.

Algunos de los reconocimientos a los Bonarda de la UTN

Si, la UTN es una universidad nacional y como tal tiene convenio con las principales universidades del mundo. En cuanto a la carrera de enología los convenios están centrados en bodegas de otras regiones donde los chicos van a hacer pasantías. La más importante es la de Francia, en Saint-Emilion.

Pero también hay alumnos en Australia, España, Italia, Estados Unidos, Canadá, entre los países mas destacados. Tenemos una alta demanda, a veces solicitan de a 3 para cada vendimia. Y muchos despues se quedan trabajando allí.

-Sí, este año comenzamos la tecnicatura en Rivadavia. Funciona en instalaciones propias de la UTN, en convenio con el municipio.

Se dicta a partir de las seis de la tarde, un horario pensado con el objetivo de dar espacio a muchos que querían estudiar y no tenían la posibilidad, por limitaciones de los horarios laborales o por la distancia.

La respuesta fue excelente: hay más de 50 inscriptos y la mayoría ya trabaja en el sector, en general no son recién egresados del secundario, es gente más grande.

-Uno de los grandes diferenciales son los laboratorios que tenemos en la facultad. Son los mismos que usan ingeniería química, tienen equipamiento que en los laboratorios enológicos no son habituales.

Pero lo que más destaco es la formación integral, la UTN es una universidad de ingenierías por excelencia, y como tal, la formación básica es diferencial, por ejemplo en microbiología, física y química. Eso le da una base muy sólida a los egresados.

El otro punto es la «enología moderna», que de hecho es nuestro slogan. Enseñamos los cambios tecnológicos, las novedades químicas de cada uno de esos cambios, nuevos descubrimientos. Buscamos estar en línea con las innovaciones a nivel global y nuestro plantel docente tiene experiencia sólida en eso, hay investigadores del INTA, del INV.

Izquierda y centro: Alumnos visitan la planta de Sudamericana de Filtrado – Derecha: Charla del enólogo Marcelo Pelleriti.

Además organizamos las Jornadas de Actualización Enológica, son abiertas a todo público y gratuitas, allí se presentan temas como desalcoholización, nuevos estilos de vino y tendencias de consumo. Hemos tenido charlas de grandes profesionales, como Ángel Mendoza, Roberto González que habló del Bonarda, Julio Montenegro de Invinum, Walter Hilbing con el tema de destilados.

Por otro lado, a la UTN vienen a dar charlas enólogos de larga trayectoria. Son muchos, te puedo nombrar a Marcelo Pelleriti, a Lilo Sesto de Altasur, o al revés, la visita de alumnos a diferentes empresas, como Sudamericana de Filtrado.

Crisis del vino y desafíos del mercado

—La crisis del vino es global. Hay sobrestock en todos los países. De todos modos, hoy el rol del enólogo es mucho más amplio. Antes la mayoría de las bodegas tenía un solo enólogo; en la actualidad hay equipos completos con funciones especializadas (primer enólogo, segundo enólogo, los exclusivos de laboratorio, de producción, o de fraccionamiento).

Y nuestros alumnos siempre tuvieron y tienen buena salida laboral, por eso cada año tenemos más ingresantes, en 2024 tuvimos 70, en 2025 fueron 90 y éste año son 150.

-Ofreciendo vinos de calidad, con identidad y fáciles de tomar, pero que puedan competir en precio. Esa es la linea de trabajo que pretendemos marcar en la UTN, hay que profundizar en la mejora de calidad de los vinos básicos y en la creatividad, es la única manera que va a crecer el consumo.

-Es uno de los objetivos de la UTN. Incentivamos a los alumnos para que trabajen en cosas diferentes. El año pasado elaboramos con ellos un blend 80% Criolla Grande y 20% Bonarda, está embotellado pero todavía en guarda. Y para aprobar la última materia tienen que hacer un vino distinto, con variedades, regiones o algún detalle en la elaboración que se diferencie de lo tradicional.

Los estudiantes y la educación actual

-Con preocupación. La calidad educativa en Argentina viene cayendo. Muchos estudiantes llegan con dificultades en comprensión de textos y razonamiento matemático.

Estamos impulsando la incorporación de materias vinculadas a técnicas de estudio, porque la dependencia de lo digital afecta la capacidad de análisis profundo. Te presentan unos trabajos prácticos dignos de un 10, pero cuando tienen que explicarlo no lo comprenden.

Esas son cosas que tienen que enseñar en el secundario. El problema es que cuando ingresan a la universidad nos encontramos con faltas que no se pueden remediar. Y eso genera mucha deserción.

En nuestro caso, de primero a segundo año hay muchos alumnos que dejan la carrera, históricamente era entre el 20 y el 25%, y hoy llega al 40%.

-Tienen mucho entusiasmo y muy buen nivel de expectativas. Pero tampoco es casual, porque cuando llegan a segundo año ya tienen su propio vino desde la facultad. Nosotros los ponemos a elaborar desde primer año, y en el primer semestre ya están haciendo análisis sensorial.

Por otro lado, además de las prácticas que hacen en la universidad, deben hacer otra en bodega, y suele pasar que después los quieren contratar. En enero publiqué en las redes sociales 25 pedidos de estudiantes avanzados que nos hacen las bodegas.

La vocación docente

—El reconocimiento de los alumnos. Hace poco estaba en un bar en Luján de Cuyo, de pronto siento que me tocan el hombro y me dicen «¡Hola profe!», era un ex alumno que hoy es un importante bodeguero de Brasil y ahora está invirtiendo en Mendoza, Adriano Miolo. Nos abrazamos y emocionamos los dos. Ese afecto es impagable. Es lo que me voy a llevar el día de mañana.

Con 38 años de docencia, la mayoría de los enólogos sub 50 fueron alumnos míos, y muchos son famosos, sus vinos han sido reconocidos mundialmente, se han convertido en grandes bodegueros. Ver a los estudiantes cumplir sus objetivos es como ver crecer a un hijo.

Saber que uno dejó una semilla, no sólo técnica sino ética, es lo más gratificante que puede tener un docente.

Héctor Bertona (4to de izq a der en fila de abajo) junto a un grupo de alumnos en plena vendimia.