Impulsan un registro mundial de «vides viejas» basado en los criterios de la OIV

La plataforma gratuita “Old Vine Registry”, impulsada por referentes internacionales del vino y liderada por el bloguero Alder Yarrow, ya reúne más de 10.000 viñedos de al menos 35 años en distintos países del mundo. El proyecto aparece en sintonía con la resolución de la Organización Internacional de la Vid y el Vino que, en 2024, definió oficialmente qué se considera una “vid vieja” y un “viñedo viejo” dentro del sector vitivinícola. La iniciativa busca transformarse en una gran base de datos global y abierta sobre viñedos históricos, con el objetivo de preservar patrimonio vitícola, diversidad genética y paisajes tradicionales, además de conectar consumidores con vinos provenientes de estas plantaciones longevas.

En 2024, la OIV aprobó la resolución «Definiciones y recomendaciones de la OIV sobre vides viejas y viñedos viejos en el sector vitivinícola» (OIV-VITI 703/2024), estableciendo por primera vez una definición internacional común. Según el organismo, una “vid vieja” es una planta con una edad oficialmente documentada de 35 años o más, mientras que un “viñedo viejo” es una parcela donde al menos el 85% de las plantas cumplen esa condición.

La medida surgió ante la necesidad de unificar criterios dentro de la vitivinicultura mundial y reconocer formalmente el valor patrimonial, ambiental y productivo de estos viñedos, muchas veces celebrado por consumidores y productores, pero hasta ese momento sin una definición internacional consensuada.

Además, contar con parámetros comunes también permite mejorar la trazabilidad, favorecer futuras investigaciones y fortalecer estrategias de preservación vinculadas a la sustentabilidad, la biodiversidad y la resiliencia frente al cambio climático. En este sentido, la entidad sostiene que las vides y los viñedos viejos “merecen reconocimiento y protección” debido a su importancia genética, agronómica, histórica y cultural.

Una plataforma colaborativa

En ese contexto aparece el “Old Vine Registry”, un proyecto colaborativo que intenta transformar esa idea en una cartografía viva y pública de los viñedos históricos del mundo. La iniciativa comenzó hace más de quince años impulsada por la reconocida crítica británica Jancis Robinson y la escritora especializada Tamlyn Currin.

Lo que inicialmente era una simple planilla de cálculo fue creciendo lentamente gracias al aporte de investigadores, productores y organizaciones vinculadas a la preservación de viñas antiguas. Con el tiempo, el proyecto ganó dimensión internacional y terminó convirtiéndose en una plataforma digital desarrollada bajo la dirección de Alder Yarrow, periodista especializado y autor del sitio Vinography.

Según explican sus impulsores, el objetivo es construir “la fuente más rica y precisa de información sobre viñedos viejos en el mundo” y, al mismo tiempo, ayudar a su preservación a través de una mayor visibilidad y valorización económica.

«Preservar vides viejas no es un gesto romántico, sino una manera de enfrentar una crisis planetaria. Se trata, mas que nada, de sustentabilidad. Estas plantas guardan secretos de supervivencia: se han adaptado al estrés durante décadas e incluso siglos. Muchas veces son más resilientes frente a sequías y olas de calor, han aprendido a convivir o desarrollar inmunidad frente a plagas y enfermedades, y han sobrevivido a fenómenos climáticos extremos», señalaron.

El registro funciona de manera abierta y colaborativa. Productores, investigadores y aficionados pueden aportar información sobre viñedos antiguos que todavía no figuren en la base de datos, incluyendo ubicación, edad estimada, variedades cultivadas e historia del lugar.

La aparición de esta herramienta también coincide con una de las recomendaciones centrales incluidas en la resolución de la OIV. Entre sus propuestas, el organismo insta a los Estados miembros a “promover y fomentar la catalogación de vides viejas y viñedos viejos” y a poner a disposición pública los datos oficiales para elaborar mapas vitícolas y determinar la edad de los viñedos.

Para la OIV, preservar estas viñas no implica solamente conservar plantas antiguas. El documento destaca su valor como reservorio de diversidad genética, patrimonio cultural y memoria productiva, además de su potencial enoturístico y comercial.

«Los viñedos viejos suelen conservar una gran diversidad clonal y variedades poco frecuentes. Los genes de estas plantas pueden estudiarse y utilizarse para propagar nuevas vides más resistentes.Además, estas plantas antiguas y retorcidas constituyen importantes reservorios de biomasa y carbono; cumplen un papel clave en los ciclos hidrológicos locales; y sus sistemas radiculares, profundos y extendidos, están estrechamente conectados con las redes micorrícicas que sostienen, alimentan y protegen los suelos. Las viñas viejas también están asociadas a la sustentabilidad social, porque ayudan a conservar y valorar tradiciones, conocimientos transmitidos entre generaciones, experiencia acumulada y el trabajo de las personas que forman parte de esa historia.”, explican los impulsores de la plataforma.

Para registrarse o conocer más sobre la plataforma, linkeá: “Old Vine Registry”

Movimiento que crece

El movimiento en defensa de las viñas viejas viene creciendo desde hace años en distintos países productores. Entre las iniciativas que inspiraron el “Old Vine Registry” aparecen el “Old Vine Project” de Sudáfrica, la “Barossa Old Vine Charter” en Australia, la “Historic Vineyard Society” de California y el proyecto VIGNO en la región chilena del Maule, entre otras organizaciones dedicadas a identificar y proteger viñedos históricos.

Ahora, con una definición internacional ya establecida por la OIV y una plataforma global en funcionamiento, el sector vitivinícola empieza a contar con herramientas concretas para identificar, estudiar y preservar uno de los patrimonios más valiosos y frágiles de la viticultura mundial.