La participación femenina en el sector del vino creció, pero aún falta equidad en salarios y puestos jerárquicos

En 2025, Wines of Argentina -institución que promociona el vino argentino en el exterior- presentó la 3ra edición del informe sobre Perspectiva de Género en el Sector Vitivinícola, del que se desprende que la representación femenina en la industria del vino evoluciona positivamente, pero el crecimiento convive con una desigualdad estructural que todavía no termina de saldarse. En el mes de la mujer, la entidad hace un repaso de los datos clave, y presenta las realidades de mujeres pilares del sector.

El Informe Perspectiva de Género en la Industria Vitivinícola Argentina 2025, elaborado por Wines of Argentina (WofA) -junto a Bodegas de Argentina y Amfori – en el marco de su programa Red Sustenta Vitis, cofinanciado por la Unión Europea, ofrece una radiografía clara: las mujeres representan apenas el 25% del total de personas empleadas en el sector.

La distribución interna, además, está fuertemente segmentada. Ellas concentran el 58% de los puestos administrativos y el 46% en el laboratorio, pero su presencia cae al 19% en viñedos, al 11% en logística y al 7% en mantenimiento.

La brecha se profundiza en los espacios de decisión: solo el 19% de los cargos jerárquicos están ocupados por mujeres y en las posiciones más altas —direcciones generales o gerencias ejecutivas— la representación baja al 14%. A esto se suma una diferencia salarial estimada entre el 15% y el 20% a favor de los varones en funciones equivalentes.

Esta información invita a pensar cómo construir una industria con más equidad. Con ese fin, WofA comparte las palabras de referentes del sector, como Susana Balbo, Juliana Del Aguila Eurnekian, Lucía Romero, Marcela Rienzo y Gabriela Celeste.

La pionera y el techo de cristal

Para Susana Balbo, primera mujer enóloga de la Argentina en 1981, el contraste entre aquel inicio y el presente es evidente. “En ese entonces era muy difícil para una mujer trabajar en la industria vitivinícola y, sobre todo, ganarse el respeto de los colegas”, recuerda. Había que “tener talento, picardía y no ceder ni sentirse inhibida” frente a críticas.

Fundadora de la bodega que lleva su nombre, Balbo cree que a pesar de que hoy tiene muchas colegas, la desigualdad persiste. “Aún hay prejuicios en la evaluación del desempeño laboral de las mujeres, sobre todo cuando el management está a cargo de hombres mayores”, señala. Asegura que el cambio cultural llegará con el recambio generacional en la conducción de las empresas. 

Susana Balbo

La bodeguera apunta a un factor estructural: la falta de transparencia salarial. “Si la comunicación de salarios fuera obligatoria, las negociaciones serían claras”, sostiene. Muchas mujeres —advierte— aceptan remuneraciones más bajas por temor a perder flexibilidad para compatibilizar el trabajo con el cuidado de hijos o adultos mayores.

Además de aportar una mirada holística y creativa tanto en la elaboración como en el negocio, la enóloga destaca que existe una sensibilidad particular en el paladar femenino que muchas veces se traduce en vinos más equilibrados y elegantes: “Buscamos más balance, más armonía y una complejidad sofisticada”.

Mirada federal

Lejos de Mendoza —epicentro histórico del vino argentino— otras regiones vitivinícolas también están dando el debate sobre género, aunque con matices propios según el contexto productivo y cultural.

Desde Neuquén, Juliana Del Aguila Eurnekian, presidenta de Bodega Del Fin Del Mundo, pone el acento en la dinámica de la industria, que es “particularmente exigente: el área comercial implica viajes frecuentes y trabajo nocturno; la producción demanda largas jornadas y esfuerzo físico durante la vendimia”. A su juicio, esa naturaleza de la tarea —más que una exclusión deliberada— explica en parte la predominancia masculina en ciertos sectores.

Reconoce, sin embargo, que muchas veces “no están dadas las condiciones que permitan compatibilizar la vida laboral y familiar, un factor que impacta especialmente en las mujeres, sobre quienes todavía recaen mayoritariamente las responsabilidades de cuidado”

Por eso considera “fundamental generar entornos de trabajo más amigables, contemplando que tanto mujeres como varones pueden tener necesidades diferentes para crecer y ocupar roles de mayor responsabilidad”.

Desde su perspectiva, enfatizar permanentemente las diferencias entre hombres y mujeres “puede generar mayor desigualdad y un discurso victimizante que deriva en el efecto contrario al buscado”. Para ella, el foco “no debe estar en el binomio mujeres vs varones, sino en cómo podemos construir equipos fuertes que puedan responder a los desafíos de hoy”.

Juliana Del Aguila Eurnekian

Desde Salta, norte del mapa vitivinícola argentino, la directora de la bodega El Porvenir de Cafayate, Lucía Romero, ofrece su diagnóstico. En una provincia donde conviven tradición y una estructura social históricamente masculina, cree que la desigualdad persiste y requiere acciones concretas.

En su bodega implementaron, por ejemplo, “procesos de selección y promoción transparentes, con metas claras de participación femenina en puestos técnicos y de dirección”. También desarrollan “programas de mentoría y formación técnica en enología, logística y comercio exterior” junto a universidades locales, promoviendo que las mujeres accedan a pasantías y capacitaciones. 

A eso se suman “horarios y licencias que facilitan la conciliación sin penalizar carreras, protocolos de denuncia y capacitaciones obligatorias sobre sesgos y acoso”.

Pero Romero considera que la transformación no puede depender únicamente de la voluntad empresarial. A su entender, es necesario que el Estado “impulse políticas públicas y medidas que ayuden a achicar la brecha de género y transformar una tradición que hoy excluye talento”.

Lucía Romero

Las resistencias que persisten

Marcela Rienzo, primera presidenta de la Asociación Argentina de Sommeliers, advierte que mientras algunos hombres sigan viendo el avance femenino como una intromisión y no como un aporte, el cambio será limitado. Señala que todavía circula la idea de que una mujer tiene menos para enseñar en el mundo del vino, y que esa desconfianza implícita ralentiza los procesos.

Marcela Rienzo

Gabriela Celeste, ingeniera agrónoma y enóloga, coincide en que la brecha existe y se manifiesta en la visibilidad: “Menos mujeres son la cara visible de una empresa”, afirma. 

También opina que muchas profesionales priorizan la vida familiar, aunque observa que las nuevas generaciones empiezan a romper esa lógica. “Hay jóvenes enólogas que van a trabajar con sus hijos”, comenta, y subraya la necesidad de igualdad de oportunidades y de salarios para roles equivalentes.

Gabriela Celeste

Las cifras del informe y las voces del sector convergen en una conclusión: la industria del vino cambió, pero todavía arrastra inercias históricas. El desafío es que el crecimiento de la presencia femenina en aulas, laboratorios y bodegas se traduzca de manera sostenida en liderazgo y poder de decisión.