Las principales regiones vitivinícolas del mundo están actualizando sus sistemas de clasificación de las Denominaciones de Origen con un objetivo claro: hacer que el vino resulte más comprensible y atractivo para las nuevas generaciones de consumidores. Después de décadas en las que las categorías se basaban en la tradición, el tiempo de crianza o criterios técnicos, regiones como Burdeos, Rioja, Alemania y Chianti Classico apuestan ahora por destacar el origen de los vinos, el carácter de sus terroirs y estilos más frescos y accesibles.

Por Kathleen Willcox
para Wine Enthusiast
Periodista especializada en sostenibilidad,
vinos, bebidas espirituosas, viajes y gastronomía.
Durante generaciones, los sistemas de clasificación de las regiones vitivinícolas han servido para definir la calidad, el origen y el prestigio de los vinos. Sin embargo, hoy muchas están incorporando nuevas categorías, redefiniendo las ya existentes y adaptando marcos normativos con siglos de historia para responder a los cambios en las preferencias de los consumidores, las nuevas realidades del mercado y las condiciones impuestas por el cambio climático.
Se trata de un cambio significativo para una industria construida sobre la tradición. La pregunta es:
¿Deben las clasificaciones del vino servir principalmente para preservar la historia o deberían evolucionar al mismo ritmo que cambian la viticultura, la elaboración y el consumo del vino?
Porque, si incluso las regiones vitivinícolas más emblemáticas del mundo están dispuestas a replantear sus propias reglas, quizá estemos ante una transformación más amplia en la forma en que el vino definirá la calidad y la identidad para la próxima generación de consumidores.
Para introducir cambios importantes en la forma en que se cultiva o se clasifica el vino en Europa, normalmente se necesitan entre 10 y 15 años de investigación, experimentación y una intensa gestión burocrática. Por eso, los recientes cambios en regiones emblemáticas como Burdeos, Rioja, Alemania y Chianti Classico resultan tan trascendentales.
«El mundo del vino no ha experimentado demasiados cambios importantes en los últimos 30 años», observa Kenny Koda, director de vinos de The National, en Telluride, Colorado. «Como los consumidores más jóvenes beben menos vino o directamente no lo consumen, lo que están haciendo Burdeos y otras regiones tiene sentido. Muchos sistemas de clasificación nunca llegaron a consolidarse aquí porque no resultaban muy claros para los consumidores estadounidenses. Hacer que las cosas sean más fáciles de entender ayudará».
Burdeos apuesta por la frescura con el Claret
Ante la disminución del consumo mundial de vino, incluso las regiones vitivinícolas más prestigiosas se han visto obligadas a introducir cambios. Conquistar a los consumidores millennials se ha convertido en una necesidad.
Según la investigación más reciente del Wine Market Council, las personas de entre 30 y 40 años representan el 31 % del vino vendido en Estados Unidos. Este grupo se inclina por vinos frescos y con una marcada expresión frutal, razón por la cual Burdeos está intentando recuperar una antigua forma de elaborar vino: el Claret.
«Los consumidores actuales son mucho más informados y aventureros que en el pasado y, como consecuencia, también son menos fieles a las categorías tradicionales. Esto ha generado, por un lado, un mayor deseo de explorar entre los consumidores y, por otro, la necesidad de que los productores diversifiquen su oferta», indica Javier Murúa, co-owner of Muriel Wines
El nombre «Claret» se remonta al siglo XII, pero la nueva denominación aprobada, que estará disponible por primera vez este año con la cosecha de 2025, responde a las preferencias actuales del paladar.
«Los consumidores de vino más jóvenes o quienes se inician en este mundo buscan claridad, frescura y una mayor expresión del origen», afirma Jen Saxby, directora sénior de ventas y marketing de Benchmark Wine Group, en Napa, una de las principales empresas especializadas en vinos raros y de añadas antiguas. «El Bordeaux Claret es una forma de superar la imagen tradicional de los tintos estructurados y pensados para la guarda, para ofrecer un estilo más fresco, accesible y concebido para disfrutarse joven, incluso ligeramente refrescado».

Mark Johnson-Hill, director ejecutivo del Château Méaume, en Burdeos, tiene sentimientos encontrados respecto a este cambio. Por un lado, la nueva clasificación ofrecerá una faceta más ligera de Burdeos, una propuesta que, según sus defensores, responde a las preferencias de sabor y estilo del consumidor actual.
«El “nuevo” Bordeaux Claret es un vino de cuerpo más ligero, con menos taninos y un perfil dominado principalmente por la fruta», afirma. «Francia está recuperando un término medieval que se originó en su territorio, pero que fue reutilizado por los ingleses cuando consumían vino de Burdeos por barriles enteros».
Sin embargo, Johnson-Hill señala que el término «Claret» puede significar cosas muy distintas para diferentes consumidores de vino. En el Reino Unido, Claret es sinónimo de mezclas de tintos secos y con mucho cuerpo.
«La nueva clasificación utiliza la misma palabra para designar un estilo de vino fundamentalmente diferente», explica. «Aunque las autoridades de Burdeos reconocen que esta clasificación es controvertida, sostienen que está dirigida a un público más joven, completamente ajeno a las connotaciones tradicionales del término “Claret”, al tiempo que busca ayudar a los productores que atraviesan dificultades y que actualmente elaboran este tipo de vino».
Mientras algunos miembros de la élite británica quizá se lleven las manos a la cabeza ante lo que consideran una herejía, el resto del mundo ha recibido la noticia con entusiasmo. El cambio abre nuevas oportunidades tanto para los productores que necesitan mejorar la rentabilidad de sus explotaciones como para los consumidores que buscan vinos menos pesados y más fáciles de beber.
«Los productores pueden elaborar un Claret más ligero y amigable utilizando mayores rendimientos por hectárea y una elaboración menos intervencionista», explica Koda. «Es un vino sin crianza en barrica, con una graduación alcohólica de entre el 11% y el 12%, lo que también reduce los costos de producción».
Rioja apuesta por la autenticidad
Durante décadas, los vinos de Rioja se clasificaron y comercializaron en función del tiempo de crianza antes de salir al mercado: cuanto más larga era la crianza, mayor era el prestigio del vino.
Sin embargo, en los últimos años, la célebre región vitivinícola española ha introducido varios cambios destinados a hacer más comprensibles las particularidades de su terroir y a destacar el origen de sus vinos.
En 2017, Rioja creó un sistema para distinguir los vinos elaborados en una subregión, un municipio o un viñedo específico. En 2024, el Consejo Regulador precisó esta designación y sustituyó la categoría Vino de Municipio por Vino de Pueblo, poniendo un mayor énfasis en cuál de los 144 pueblos de Rioja procede el vino. La idea es que, del mismo modo que muchos aficionados primero buscan vinos de Napa y luego se interesan por una subregión como Carneros, los amantes de Rioja empiecen a identificar y preferir pueblos concretos, como Haro o Laguardia.

«El interés por la narrativa específica del terroir ha crecido en el mercado mundial del vino», afirma Raquel Pérez Cuevas, presidenta del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja. «Estos cambios permiten que Rioja conecte mejor con los consumidores y comunique de forma más directa el lugar donde las uvas se cultivan y maduran. Estas actualizaciones no sustituyen la identidad tradicional de Rioja, sino que la enriquecen».
Javier Murúa, copropietario de Muriel Wines, coincide con esta visión y añade que la época en la que las categorías de crianza bastaban para impulsar la demanda ha quedado atrás.
«Los consumidores de hoy están mucho más informados y son más curiosos que en el pasado y, como consecuencia, también son menos fieles a las categorías tradicionales», afirma Murúa. «Esto ha generado, por un lado, un mayor deseo de explorar por parte de los consumidores y, por otro, la necesidad de que los productores diversifiquen su oferta. Rioja posee una diversidad extraordinaria gracias a su tamaño, sus paisajes, sus climas y sus variedades autóctonas de uva. Debemos comunicar mucho mejor por qué cada zona, cada pueblo o cada viñedo es diferente de los demás y qué hace única a cada una de sus expresiones».
Como resume Jen Saxby: «El consumidor de hoy ya no se limita a preguntar: “¿Este vino es bueno?”. Ahora quiere saber: “¿De dónde viene?, ¿por qué sabe así? y ¿por qué debería importarme?”».
Alemania apuesta por el origen y la calidad
Ese mismo interés por saber «de dónde viene un vino y por qué sabe como sabe» también está influyendo en las decisiones de marketing del vino alemán.
Históricamente, la Verband Deutscher Prädikatsweingüter (VDP) —la asociación que reúne a los principales productores de vino de calidad de Alemania— centraba su sistema de clasificación exclusivamente en el grado de madurez de la uva o en el nivel de dulzor del vino. Como era de esperar, los consumidores actuales encontraban este sistema confuso e incluso poco atractivo.
Por ello, la VDP ha ido introduciendo gradualmente cambios en su sistema de etiquetado durante los últimos años. En 2026, por primera vez, entró oficialmente en vigor un sistema revisado de clasificación y etiquetado basado en el origen geográfico de los vinos.
La moderna pirámide de clasificación de la VDP se estructura ahora en cuatro niveles: Gutswein (vino de entrada o de finca), Ortswein (vinos procedentes de un municipio específico), Erste Lage (vinos de viñedos históricos de alta calidad) y Grosse Lage (vinos procedentes de viñedos excepcionales). Los vinos secos pertenecientes a la categoría más alta pueden llevar la denominación Grosses Gewächs, considerada el máximo distintivo de prestigio dentro del sistema.

«El cambio más importante consiste en definir la calidad del vino en función de su origen y de la clasificación del viñedo», explica Theresa Olkus, directora ejecutiva de la VDP. «Si Alemania quiere contar con un sistema de clasificación comprensible y respetado internacionalmente, es inevitable introducir una mayor precisión y disciplina. Estas reformas también buscan establecer una diferenciación más clara entre los distintos niveles de calidad, haciendo que la jerarquía resulte más fácil de entender para los consumidores».
Kenny Koda, director de vinos de The National, considera que estos cambios llegan con mucho retraso.«Durante mucho tiempo, Alemania ha tenido que luchar contra la idea de que todos sus vinos son dulces», afirma. «Esta reforma puede ser el impulso que necesitaba el vino alemán para mejorar su posicionamiento y aumentar sus ventas».
Chianti apuesta por una mayor precisión
El Chianti Classico, que históricamente se apoyó en el prestigio de su nombre regional para comercializar sus vinos, recuperó en 2023 el sistema de Unidades Geográficas Adicionales (UGA, por sus siglas en italiano) con el objetivo de poner en valor las diferencias existentes dentro de esta región de aproximadamente 720 kilómetros cuadrados.
«Al dividir el Chianti Classico en territorios específicos, pasamos de un enfoque amplio y genérico a un relato mucho más didáctico y centrado en el terroir», explica Alessandro Zanette, director de la finca Vigneti La Selvanella. «Es un modelo que, en cierto modo, recuerda al de Borgoña y que conecta muy bien con quienes desean entender el “por qué” del perfil de un vino».
Sin embargo, no todos están satisfechos con la forma en que se ha implantado el nuevo sistema. «Lamentablemente, el sistema UGA solo se aplica a la categoría más prestigiosa y reconocida, el Chianti Classico Gran Selezione, por lo que no influye en los Chianti Classico ni en los Riserva», señala Richard Hanauer, director de vinos de RPM Restaurants, grupo con establecimientos en Chicago, Washington D. C. y Las Vegas. «Además, no existe ninguna exigencia de que las bodegas mejoren sus prácticas de elaboración ni la selección de sus viñedos para poder incorporar una UGA en la etiqueta».

En definitiva, los consumidores de vino más jóvenes y quienes se están iniciando en este mundo no están dispuestos a darle la espalda a las regiones vitivinícolas tradicionales. Lo que buscan es entender qué tipo de experiencia les ofrecerá cada botella, sin necesidad de hacer un curso de enología.
«Los consumidores más jóvenes rechazan todo aquello que resulte intimidante. Si Burdeos, Rioja, Alemania, Chianti Classico y otras regiones consiguen traducir su legado histórico en una propuesta relevante para el presente, estos cambios en los sistemas de clasificación pueden convertirse en un auténtico puente entre la tradición y la próxima generación de consumidores de vino»
Jen Saxby, directora senior de Ventas y Marketing de Benchmark Wine Group.
Fuente: WineEnthusiast











