Los incendios forestales en la Unión Europea han abierto una alarma que va más allá de la emergencia ambiental. Para el viñedo, el daño no se limita a las parcelas que arden. El humo puede arruinar la uva, la vendimia puede retrasarse, los accesos y sistemas de riego pueden quedar inutilizados y, después del fuego, la erosión puede comprometer varias campañas. Según los registros del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) del Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus, al 22/7 se calcularon 254.388 hectáreas incendiadas (totales), y al 27/7 ya se estiman 286.000 has.
España declaró la emergencia nacional por incendios el pasado 23 de julio bajo el Sistema Nacional de Protección Civil. Según informó Reuters, era la primera declaración de este tipo ligada a incendios forestales. El Joint Research Centre de la Comisión Europea situó en 254.388 las hectáreas quemadas en la UE hasta el 22 de julio, por encima de la media de largo plazo, aunque todavía algo por debajo del mismo punto de 2025.
En España, Reuters y AP situaban este lunes, 27 de julio, la superficie quemada nacional por encima de 170.000 hectáreas. El incendio de Ávila ha sido descrito como el mayor fuego de la historia reciente del país. Aun así, los datos disponibles no permiten afirmar que 2026 haya superado ya a 2025 como peor año nacional por superficie arrasada. Reuters recordó el pasado 20 de julio que España registró 354.747 hectáreas quemadas en 2025, el valor más alto de la última década.

Francia presenta una situación distinta. Reuters informó este lunes, 27 de julio, de que el primer ministro francés calificó la campaña actual como “sin precedentes” y señaló que la superficie quemada ya superaba la del año récord 2022. Los balances citados por la agencia situaban el total por encima de 98.000 hectáreas a 25 de julio y de 116.000 hectáreas este lunes, 27 de julio. En Gironda, el fuego llegó a unos 15 kilómetros del área metropolitana de Burdeos y obligó a evacuar a miles de personas. También se ha observado un pirocumulonimbo, un fenómeno raro en Francia que puede generar rayos y nuevos focos.
En Burdeos, sin embargo, las zonas vitícolas más conocidas no habían sufrido daños directos “por ahora”, según trasladó el Consejo Interprofesional del Vino de Burdeos a Reuters. La principal preocupación inmediata del sector seguía siendo la sequía. Eso no elimina otros riesgos para el vino: humo, mala calidad del aire, problemas logísticos, presión sobre el agua y la posibilidad de nuevos focos durante las próximas jornadas.

Consecuencias comerciales y productivas
La dimensión del problema se entiende mejor con las cifras del sector. La Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) sitúa a España como el mayor país del mundo por superficie de viñedo en 2025, con 919.000 hectáreas, y a Francia como el segundo, con 740.000.
Juntas suman cerca del 23,7% del viñedo mundial. En producción, Francia alcanzó 35,9 millones de hectolitros y España 29,4 millones en 2025, cerca del 28,8% del vino producido en el mundo.
El peso comercial también es distinto y complementario. Francia exportó vino por valor de 11.200 millones de euros en 2025, mientras España vendió al exterior 19,6 millones de hectolitros por 3.000 millones. Francia concentra más valor; España aporta más volumen. Si ambos países sufren al mismo tiempo incendios, calor extremo y sequía, puede haber efectos sobre precios, disponibilidad de producto, mezclas, contratos de suministro y planificación de bodegas e importadores.
Además, ambos llegaban a esta campaña con una base productiva ya debilitada por el clima. La OIV estimó para Francia una vendimia en 2025 un 16% inferior a su media quinquenal y la más baja desde 1957 si se confirma esa serie. En España proyectó una cosecha un 15% por debajo de su media quinquenal y entre las más bajas de las últimas décadas. Los incendios llegan así sobre viñas que ya venían acusando calor y falta de agua.

El primer efecto sobre el viñedo es el daño directo. El fuego puede destruir postes, alambres, tuberías y sistemas de riego, además de afectar al tronco y al sistema vascular de la cepa. La literatura técnica recogida por el Australian Wine Research Institute señala que cuando xilema y floema quedan dañados, la vid puede perder vigor durante semanas, meses o incluso años. Eso obliga en algunos casos a replantar o asumir pérdidas durante varias campañas.
El segundo efecto es el humo, que para muchas bodegas resulta aún más grave que las llamas. El AWRI explica que ciertos compuestos volátiles del humo pueden penetrar en la uva y unirse a azúcares formando glicósidos. Esos compuestos pueden pasar desapercibidos en la fruta y aparecer después durante la fermentación, la crianza o incluso al beber el vino. El resultado son notas descritas como ahumadas, ceniza, quemado o medicinales. La sensibilidad aumenta desde el envero hasta la vendimia, justo en una fase clave del verano.
La experiencia en California refuerza esa preocupación. Un estudio sobre productores vitícolas recogió que los daños económicos podían deberse más al humo que al fuego directo. Más del 75% de los encuestados necesitó análisis por exposición al humo y aumentó con fuerza la demanda de ensayos rápidos y microvinificaciones para decidir si una cosecha podía comercializarse o debía descartarse.
A eso se suma el impacto laboral. Climate-ADAPT advierte de que los trabajadores al aire libre están entre los grupos con mayor exposición al humo de incendios, sobre todo por partículas PM2.5 y otros compuestos contaminantes. En viticultura eso puede traducirse en jornadas más cortas, menor rendimiento de las cuadrillas y vendimias concentradas en ventanas muy estrechas.
Fuentes: Vinetur, Comisión Europea ySistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS)










