Mario González: “No debería existir una separación entre productor y bodeguero, el objetivo es común”

El riojano Mario González estuvo ligado al trabajo rural desde niño marcando su forma de ver la vida y el trabajo. A los 13 años se unió al Movimiento Juvenil Agrario, revelando su vocación por la actividad gremial y social. Es ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional de Córdoba, actualmente dirige la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios (CARPA), es miembro del Consejo de Administración de la Cooperativa La Riojana, y presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). En la siguiente entrevista comparte su visión sobre la actualidad de la industria vitivinícola.

Mario Hernán González nació en Chilecito, La Rioja, en el seno de una familia atravesada por raíces italianas y españolas. Es el tercer hijo de Mario Juan González y Antonia Martínez. Su vínculo con la vitivinicultura comenzó tempranamente: a los cuatro años, su familia se trasladó al distrito de San Miguel, a la finca de sus abuelos, donde inicialmente contaban con dos hectáreas de viñedos.

Con el tiempo, ese emprendimiento familiar crecería hasta alcanzar las 50 hectáreas. Allí, junto a su padre y su tío Ambrosio —quienes formaron la finca en conjunto—, toda la familia participaba activamente de las tareas, incluyendo la cosecha, sin recurrir a personal externo. “Siempre lo manejamos nosotros” -recuerda- una experiencia que lo marcó profundamente y le enseñó el valor esencial del trabajo propio y el vínculo con la tierra. Fue testigo del nacimiento y crecimiento de la finca en cada detalle, una etapa que guarda con especial cariño.

En 1992, con apenas 13 años, comenzó a participar del Movimiento Juvenil Agrario, coincidiendo con la creación del centro local, reforzando así su compromiso temprano con el desarrollo rural. Luego de los estudios secundarios se trasladó a Córdoba a la casa de sus abuelos maternos para llevar a adelante su formación académica como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Córdoba. Durante esos años, combinó el estudio con el trabajo: vendió aceitunas y pasas de uva y realizó una pasantía en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Delegación Córdoba.

Tras obtener su título universitario en 2006, regresó a Chilecito, donde se especializó en sistemas de riego permitiéndole en la actualidad representar marcas líderes a nivel mundial como Rivulis Plastro y Valley, ésta última en sistemas de riego por pivote y soluciones de energía solar aplicadas al sector productivo. En 2010 adquirió su propia finca, en la que produce uvas destinadas a vinificación y pasas, además de olivos, nogales, tomate, ajo, garbanzos y quinoa, consolidando un perfil productivo diversificado.

Su participación sectorial comenzó en 2006 en la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios (CARPA), entidad que preside desde 2016, año en el que se integró a la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR). En marzo de 2023 asumió la presidencia de la entidad, convirtiéndose, con 42 años, en uno de los dirigentes más jóvenes en ocupar ese cargo.

MG – Sí. Todos los años validamos el Plan Estratégico a través de jornadas de revisión, y en 2025 concluimos un nuevo proceso de análisis. En ese marco siempre surgen ajustes y redefiniciones, pero los lineamientos generales se mantienen porque el diagnóstico de fondo es claro. A partir de ese diagnóstico, direccionamos todas las líneas estratégicas para adaptarnos a esos cambios, sin perder de vista los ejes centrales del Plan.

El principal desafío es un consumidor que viene cambiando sus hábitos, especialmente en los segmentos más jóvenes —menores de 40 o 50 años—, que están dejando de elegir el vino como producto habitual. Esto nos obliga a repensar estrategias y a acercarnos a lo que el consumidor está demandando hoy.

-Volcarse hacia estos nichos responde a tendencias que se observan tanto a nivel global como en el mercado local. Dentro de los productos derivados de la uva, tenemos claro que debemos explorar todas las alternativas que el consumidor está eligiendo.

Hace algunos años todavía se debatía si estos productos podían considerarse vino o no, una discusión más vinculada a paradigmas que a la realidad. Hoy la industria vitivinícola argentina ha entendido que es el consumidor quien define qué quiere consumir, y nuestro rol es ofrecerle opciones.

Es importante no confundir tendencias con volumen. Actualmente se trata de nichos pequeños, principalmente de vinos de baja graduación alcohólica —no necesariamente de alcohol cero—, pero hay que reconocer que siguen siendo tendencias que debemos acompañar.

Además, al tratarse de productos de nicho, permiten un posicionamiento de mayor valor, con consumidores dispuestos a pagar un precio diferencial. En esos volúmenes acotados, es posible cubrir costos y lograr rentabilidad. El objetivo es ofrecer alternativas para que el consumidor no salga del universo de productos derivados de la uva.

“Hoy la industria entendió que es el consumidor quien define qué quiere y nuestro rol es ofrecerle opciones. El objetivo es ofrecer alternativas para que no salga del universo de los productos derivados de la uva.”

El CIU y el CEC son dos herramientas fundamentales que le han dado a la vitivinicultura argentina prestigio internacional, principalmente por la información, la estadística y la trazabilidad que generan. Si estos instrumentos dejan de ser obligatorios, quienes trabajan correctamente probablemente los seguirán utilizando. Sin embargo, aquellos que no tengan desarrollados mecanismos de trazabilidad los evitarán, y eso implicará una pérdida de información clave. Sin datos certeros, resulta muy difícil mejorar o corregir situaciones productivas.

Para los productores bodegueros, el CIU forma parte de nuestra operatoria habitual. Cuando una bodega recibe uva, existe un remito que se firma; eso es el CIU. No hacerlo obligatorio no desburocratiza ni genera beneficios fiscales o de costos, y termina creando más dificultades.

Desde la industria lamentamos que se haya judicializado un tema que era sencillo de resolver. En una reunión del INV con todos los representantes del sector hubo consenso en mantener estos instrumentos, acompañando al mismo tiempo el resto del paquete de desregulación que, de hecho, nosotros mismos veníamos pidiendo.

Y los dos puntos (CIU y CEC) que eran considerados claves, no fueron comprendidos. Nos llamó la atención que un gobierno, que pregona la cero intervención del Estado, finalmente haya tomado la decisión de eliminar ítems que el sector empresario los pide y los necesita.

“El CIU y el CEC son herramientas que le dieron a la vitivinicultura argentina prestigio internacional en trazabilidad e información. Quitar la obligatoriedad no desburocratiza ni genera beneficios: solo provoca pérdida de datos clave«.

-No, el Observatorio se nutre en un alto porcentaje de la información que genera el INV, existe un convenio firmado mediante el cual el INV nos provea los datos, que se complementa con un trabajo conjunto con la Bolsa de Comercio de Mendoza, y se correlaciona con datos provenientes de empresas privadas, especialmente los vinculados con los mercados domésticos, ventas, segmentos de precios, información internacional.

Para nosotros es fundamental trabajar con datos certeros, incluso desde el punto de vista del nivel primario. En la web del Observatorio también se pueden consultar sistemas de alarma meteorológica e información edáfica producto de los estudios de caracterización de suelos realizados en los últimos dos años.

Hay mucha información para los diferentes eslabones de la cadena. Hay que recordar que el Plan Estratégico Vitivinícola busca la sostenibilidad de todos ellos, desde la producción primaria hasta la comercialización. Si bien los datos más visibles son los de producción y elaboración, existe mucha otra información relevante, especialmente para el productor primario, a quien desde la Coviar tenemos muy en cuenta.

“El Observatorio Vitivinícola se nutre en gran medida de la información que genera el INV. Trabajar con datos confiables es fundamental para dar sostenibilidad a todos los eslabones de la cadena.”

-El sector primario suele ser el eslabón más débil de la cadena, principalmente porque la uva es un producto perecedero que debe cosecharse y entregarse en un momento determinado, lo que limita el poder de negociación del productor frente al industrial.

Sin embargo, desde el PEVI, siempre hemos impulsado la integración a través de cooperativas u otros esquemas asociativos, que generan un mayor equilibrio en el sistema. También promovemos una integración más estrecha entre productores y bodegas, algo que aún no se ha logrado plenamente y que debemos cambiar.

No debería existir una separación entre “productor” y “bodeguero”. El objetivo es común: obtener un producto de calidad y sostenernos en un mercado internacional altamente competitivo. Pensar que el productor puede estar aislado y que la relación con la bodega se limite a la negociación del precio es un error.

Particularmente, la Coviar no interviene en la fijación de precios, que es una cuestión de mercado, pero sí creemos firmemente que la sostenibilidad debe alcanzarse en todos los eslabones. Castigar al productor o al bodeguero no tiene sentido en una industria madura y responsable, como la que todos pretendemos lograr.

Claro que son deseos, la realidad es que todavía hay quienes piensan que la negociación debe ser dura al momento de ponerle precio a la uva… De todos modos, rescato que se está creciendo mucho en ese aspecto, se ha entendido que la calidad del producto arranca en el viñedo y que el productor es tan importante como todos los otros eslabones…. pero todavía queda mucho por hacer a ese respecto.

“No debería existir una separación entre productor y bodeguero: el objetivo es común.”

-Para eso es fundamental el acuerdo Mendoza-San Juan, una herramienta clave que se viene aplicando desde hace muchos años y que permite generar ciertos equilibrios. No debe ser una imposición, sino el resultado de una negociación, y hoy existen condiciones para ello.

Ojalá el precio del mosto sea atractivo y justo, de manera que permita liberar producto y ordenar los stocks existentes, que están entre 7 y 8 meses. Es fundamental mantener las herramientas que funcionan y, al mismo tiempo, trabajar fuertemente en el aspecto comercial.

Por ejemplo, es necesario impulsar el vino a granel y facilitar medidas impositivas y logísticas que permitan sacar mayores volúmenes al exterior, aprovechando la calidad de los vinos que produce la Argentina.

-Sí, hemos retomado este tema. Fue una iniciativa de la Coviar hace muchos años, impulsada junto a legisladores de Mendoza, que en su momento no logró avanzar. Actualmente estamos trabajando nuevamente con legisladores y con el apoyo del gobierno de San Juan.

Creemos que presentar un estudio serio, enfocado en los beneficios para la salud —además de los aspectos impositivos—, puede abrir una nueva oportunidad. Esta ley podría generar una salida muy importante en términos de volumen para nuestros productos.

No es sencillo, considerando los fuertes lobbies corporativos existentes, pero entendemos que el trabajo conjunto entre gobiernos provinciales, sector privado y gobierno nacional puede ser una estrategia efectiva para avanzar. Esperemos que se logre.

-Nosotros trabajamos con 18 provincias que se dedican a la vitivinicultura, articulando con gobiernos provinciales y con el sector privado. Sin embargo, aún existe una falta de participación de algunos actores.

Las reuniones de la Coviar son abiertas y, en el último tiempo, hemos profundizado el uso de herramientas virtuales para facilitar la participación. Creemos que nadie tiene la verdad absoluta y que el intercambio fortalece al conjunto. Creo que hace falta un mayor involucramiento.

La Coviar es una herramienta fenomenal. Si uno analiza cualquier cadena agroalimentaria, contar con un plan estratégico a largo plazo sería una de las prioridades. Sin embargo, algunos actores todavía no terminan de dimensionar su potencial. Tenemos que entender la importancia de trabajar en conjunto y en la misma dirección, proponiendo, desarrollando actividades y actuando. Y en este punto hay que seguir haciendo el esfuerzo.

“Hay que mantener las herramientas que funcionan y, al mismo tiempo, fortalecer la estrategia comercial.”

-El financiamiento institucional es muy limitado, y aún así se realizan numerosas acciones. Si comparamos con Europa, Estados Unidos o Australia, vemos que allí se multiplican por 100 o por mil las posibilidades que tenemos aquí.

Para sostener y mejorar el posicionamiento internacional de la vitivinicultura argentina, y mantener el estatus que tenemos -con un mercado interno fuerte- es indispensable invertir en promoción. Para eso hay que dotarlo de financiamiento que permita investigar, desarrollar, ganar mercado, y tener más presencia.

Eso requiere una articulación real entre el sector privado y los distintos niveles del Estado. Con una estrategia compartida, los resultados podrían lograrse en plazos mucho más cortos.

Creo que sí, aunque es un proceso que lleva tiempo. En lo personal mantengo una buena relación con los distintos actores del sector, pero no siempre resulta sencillo sentarlos a trabajar en conjunto.

Los directores de la Coviar trabajamos ad honorem, sin sueldos ni viáticos, con el objetivo de aportar al desarrollo de toda la industria. Eso, en lo personal, es motivo de orgullo. Estoy convencido de que más temprano que tarde se comprenderá el valor de esta herramienta institucional. Las personas pasan, pero la necesidad de sentarse a dialogar, estudiar y consensuar estrategias permanece. Es importante que sea así, y no con discusiones a través de los medios de comunicación, o por un grupos de Whatsapp.

También es un error confundir una Cámara Gremial Empresaria con una institución que ejecuta un plan estratégico. Son dos cosas distintas. Comparar a la Coviar versus Bodegas de Argentina, es comparar peras con manzanas. No es tarea de la Coviar entrar en una discusión con los gremios empresarios para debatir, por ejemplo, el precio de la uva o el acuerdo Mendoza-San Juan. Nosotros somos la institución que marca el rumbo del plan estratégico a largo plazo, que lo ejecuta y punto, esa es el objetivo de Coviar.

Claro que participamos de las mesas donde están todos los sectores representados, tocamos temas del día a día que nos permiten desarrollar algunas estrategias fuera del plan estratégico, pero hay que separar muy bien lo que es una entidad gremial empresaria de una institución que ejecuta un plan.

“Nadie tiene la verdad absoluta; el intercambio fortalece al conjunto.”

-Desde el punto de vista legislativo, siempre existe esa posibilidad, aunque no desde el Poder Ejecutivo. Actualmente trabajamos en concordancia con la Secretaría de Agricultura y otros organismos, por lo que una derogación no tendría mucho sentido.

Impulsar ese tipo de cambios sería retroceder y desaprovechar una herramienta fundamental para la industria. La planificación estratégica y la coordinación de acciones son claves para cualquier sector productivo que aspire a crecer de manera sostenida. Hay que analizar en conjunto, no en forma individual. Eso siempre será más beneficioso.

Mi principal deseo es que logremos crecer de manera rentable en todos los eslabones de la cadena, que el consumidor nos siga eligiendo y que podamos ofrecer productos para los distintos segmentos del mercado. Que la vitivinicultura tenga resto para invertir y obtener beneficios.

Es mucho el esfuerzo el que hacemos los productores, los bodegueros, los comerciales, para vender una botella de vino, un kilo de pasa, o de mosto. Nos gusta vivir del esfuerzo propio, pero necesitamos que se logren beneficios, que la actividad pueda desarrollarse de manera normal, con reglas claras, proyección a largo plazo.

“Si resolvemos logística, impuestos y financiamiento, la vitivinicultura argentina tiene un enorme potencial.”

La industria vitivinícola argentina tiene un enorme know-how y una gran capacidad competitiva. En el mercado interno compiten más de 900 bodegas con más de 5.000 marcas, lo que demuestra un alto nivel de profesionalismo, estamos muy preparados pero necesitamos competir en igualdad de condiciones cuando nos toca salir al mundo. Para crecer a nivel internacional necesitamos mejores condiciones logísticas, impositivas y financieras. Hoy nuestros costos logísticos son hasta cinco veces superiores a los de países competidores, y el acceso al crédito sigue siendo una gran limitante.

El sector primario y el industrial en Argentina se han acostumbrado a desarrollarse con espalda propia, mientras que la cadena agroalimentaria del resto del mundo funciona gracias a un sistema financiero fuerte. Nosotros nos ponemos contentos cuando las tasas están por debajo del 30%, sin embargo, en cualquier país del mundo no supera el 2, el 3, el 5, y además tienen 3 años de gracia y 10 para pagar. Eso ya lo sentimos como una batalla perdida, pero hay que seguir insistiendo.

Si logramos avanzar en estos aspectos, la vitivinicultura argentina tiene un enorme potencial para crecer, generar divisas y consolidarse aún más en el escenario global. Lo bueno es que el país está yendo por un camino que permite mayor proyección. Mientras tanto hay que tener la capacidad de tender puentes para que todos tengamos la posibilidad de hacer esos cambios tan necesarios.