La Organización Mundial de la Salud (OMS) pide a los gobiernos que endurezcan sustancialmente los impuestos que gravan las bebidas alcohólicas. En el informe publicado el 13/1, la entidad advierte sobre la laxitud de los sistemas tributarios y los «culpa» de que estos productos «nocivos» sigan siendo baratos, en un momento en que los sistemas de salud se enfrentan a una presión financiera cada vez mayor a causa de enfermedades no transmisibles y lesiones que se pueden prevenir.
Según los informes presentados por la OMS a los Estados «Las bebidas azucaradas y alcohólicas son cada vez más baratas, como consecuencia de los bajos tipos impositivos vigentes en la mayoría de los países, lo que alimenta la obesidad, la diabetes, las cardiopatías, los cánceres y las lesiones, especialmente en niños y adultos jóvenes.»
Basados en ese concepto pide a los gobiernos que endurezcan sustancialmente los impuestos que gravan las bebidas azucaradas y alcohólicas y advierten que la laxitud de los sistemas tributarios permite que estas bebidas sean baratas, mientras que los sistemas de salud se enfrentan a una presión financiera cada vez mayor a causa de unas enfermedades no transmisibles y unas lesiones que se pueden prevenir.
«Los impuestos para la salud son uno de los instrumentos más potentes que tenemos a nuestra disposición para promover la salud y prevenir las enfermedades», ha dicho el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. «Mediante un aumento de los impuestos sobre productos como el tabaco, las bebidas azucaradas y el alcohol, los gobiernos pueden reducir el consumo nocivo y desbloquear fondos para financiar servicios de salud vitales».
Según el informe sobre las bebidas alcohólicas, la OMS muestra que al menos 167 países aplican impuestos a las bebidas alcohólicas, mientras que 12 las prohíben totalmente, y explica que «A pesar de ello, el alcohol se ha vuelto más asequible o no ha variado de precio en la mayoría de los países desde 2022, ya que los impuestos no siguen el ritmo de la inflación y del crecimiento de los ingresos. El vino sigue sin estar sujeto a impuestos en al menos 25 países, la mayoría europeos, a pesar de sus evidentes riesgos para la salud.»
«Un alcohol más asequible fomenta la violencia, las lesiones y las enfermedades», subrayó el Dr. Etienne Krug, Director del Departamento de Determinantes de la Salud, Promoción y Prevención de la OMS. «Mientras la industria se beneficia, los ciudadanos suelen cargar con las consecuencias para la salud y la sociedad con los costos económicos.»
Esta recomendación, que no distingue entre destilados, cerveza y vino, ha reavivado un viejo debate: la necesidad de desvincular al vino de la política fiscal contra el alcohol.
Todas las bebidas en una misma «bolsa»
El documento de la OMS, dirigido a sus 194 estados miembros, es contundente: considera que los impuestos específicos al alcohol son «una de las herramientas más costo-efectivas» para reducir su consumo nocivo, prevenir enfermedades no transmisibles y recaudar fondos para los sistemas de salud. La institución argumenta con estudios que demuestran cómo el aumento de precios vía impuestos disuade el consumo, especialmente entre los jóvenes y los bebedores de riesgo.
Sin embargo, el informe tropieza con una realidad compleja. La industria del vino europea, y en particular la francesa, española e italiana, lleva años alertando sobre el riesgo de un enfoque homogéneo. Agrupar el vino –una bebida culturalmente arraigada, con un patrón de consumo tradicionalmente moderado y vinculado a la dieta mediterránea– en la misma bolsa fiscal que los destilados de alta graduación, es, a su juicio, un error de base.
Este no es un debate nuevo, pero la presión de la OMS le da una urgencia renovada, y la estrategia de agrupar al vino bajo el paraguas genérico de «bebidas alcohólicas» o «espirituosas» es una deriva peligrosa, que equipara realidades socioeconómicas y de consumo radicalmente diferentes.
Modelo cultural e impacto económico, los pilares de la defensa de la OIV
La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y numerosas interprofesiones nacionales sostienen que el vino debe ser tratado como un caso aparte. Su argumento se basa en tres pilares:
- El modelo cultural: El vino se consume predominantemente con alimentos, en contextos sociales y familiares, lo que modera su ingesta.
- La evidencia científica paradójica: Aunque el alcohol es un carcinógeno reconocido, numerosos estudios epidemiológicos también han asociado un consumo moderado de vino, particularmente tinto, con beneficios cardiovasculares (la «paradoja francesa»). La OMS, sin embargo, minimiza estos hallazgos al priorizar el mensaje de que «no existe un nivel seguro de consumo».
- El impacto económico y territorial: El viñedo es un pilar de la economía rural, el turismo y la identidad de miles de regiones. Una fiscalidad punitiva podría estrangular un sector que es sinónimo de paisaje, empleo y tejido social.
Invitación al mercado ilegal
Los críticos de la postura de la OMS advierten de posibles efectos no deseados. Un aumento generalizado de impuestos podría:
- Fomentar el consumo ilegal o de baja calidad, con riesgos sanitarios aún mayores.
- Penalizar al consumidor responsable que disfruta de una copa de vino de calidad, sin generar un cambio significativo en el bebedor problemático, cuyo patrón de consumo es menos sensible al precio.
- Debilitar irreversiblemente el tejido productivo, especialmente el de las pequeñas bodegas familiares, menos capaces de absorber los costos.
La alternativa: educación y moderación
Frente al garrote fiscal, el sector propone reforzar la educación en el consumo responsable y promover los patrones mediterráneos de consumo. Muchas DOPs y bodegas ya invierten en campañas que enfatizan la moderación, el acompañamiento con comida y la degustación frente al mero consumo.
La Comisión Europea, atrapada entre las directrices de salud pública y la defensa de un sector agrícola clave, ha mantenido hasta ahora una posición cautelosa, dejando la política fiscal en manos de los estados miembros. Pero la presión de la OMS podría inclinar la balanza.
Un debate con profundo calado
La ofensiva fiscal de la OMS sitúa al vino en una encrucijada existencial. La cuestión de fondo es si la política sanitaria del siglo XXI debe basarse en la distinción entre patrones de consumo y tipos de bebidas, o en una simplificación pragmática que priorice el mensaje de «cero alcohol».
Mientras la OMS ve un instrumento eficaz para salvar vidas, el sector vitivinícola ve la potencial destrucción de un patrimonio milenario y un pilar económico. Encontrar un punto de equilibrio que proteja la salud pública sin aniquilar la cultura del vino será uno de los grandes desafíos políticos para los gobiernos productores en los próximos años. La batalla, lejos de amainar, acaba de recrudecerse.
Fuente: OMS y La Gaceta del Vino (España)










