Rodolfo Vargas Arizu: «No se sale de terapia intensiva y se gana la maratón de la vendimia, pero vamos en la dirección correcta»

Licenciado en Enología y Fruticultura, con especializaciones en Comercio Exterior y Economía, Rodolfo Vargas Arizu es ministro de Producción de Mendoza desde diciembre de 2023. En esta entrevista, analiza el presente y los desafíos de la vitivinicultura en un contexto de cambios económicos profundos, el rol de organismos como el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la desregulación, el equilibrio de mercados, la reconversión productiva y la necesidad de pensar una Mendoza integrada al comercio internacional, con empleo local y una matriz productiva diversificada.

Con una trayectoria de más de tres décadas en la actividad empresaria y gremial, y una historia familiar profundamente ligada a la vitivinicultura mendocina, Rodolfo Vargas Arizu asumió el desafío de trasladar su experiencia del sector privado a la gestión pública. Desde diciembre de 2023, como ministro de Producción de Mendoza, impulsa una agenda orientada a la innovación, la sostenibilidad y la generación de empleo genuino, con fuerte énfasis en el trabajo público-privado y el fortalecimiento institucional.

En un contexto nacional marcado por la desregulación económica, la apertura de mercados y la búsqueda de equilibrio fiscal, el Ministerio de Producción trabaja en políticas para transformar la matriz productiva provincial, mejorar la empleabilidad y acompañar a los sectores estratégicos en su adaptación a un escenario más competitivo. La vitivinicultura, actividad emblemática de Mendoza y motor de exportaciones, ocupa un lugar central en esa agenda, junto con la diversificación hacia otros complejos productivos como el mosto, la horticultura, la logística y la minería.

Entrevistado por Punto Vid, Vargas Arizu repasa su recorrido personal y empresarial y analiza la coyuntura del sector vitivinícola, los desafíos del mercado interno y externo, y ofrece una mirada integral sobre el presente y el futuro productivo de Mendoza.

Mi familia está ligada a la vitivinicultura desde hace más de un siglo. Yo soy tercera generación y ya está trabajando activamente la cuarta (mi hijo y mi sobrino). Vargas Arizu surge como una escisión de Leoncio Arizu S.A., que a su vez fue una escisión de la histórica Bodega Arizu. Hasta la década del ’30 todo estaba unificado; luego mi abuelo, Leoncio, se separa y funda su propia bodega. De ese origen, una quinta parte es la nuestra, que es la única que continúa vinculada directamente a la actividad agrícola. Otras ramas familiares, como Luigi Bosca, tomaron otro camino y fueron vendidas al grupo Catterton, principal accionista del holding LVMH, propietario, entre otras marcas, de Chandon.

En 1999, junto a mis hermanos Vicente y Daniel, creamos Tierras Altas, una empresa vitivinícola y olivícola con la idea de continuar la tradición familiar. Fuimos de las primeras bodegas boutique de Mendoza. Además, tenemos otra empresa agrícola llamada Valle del Roncal.

Fue una decisión estrictamente económica. Esas tierras las tenemos desde alrededor de 1940, cuando la zona era campo. Hoy es plena ciudad. Esto no es un fenómeno aislado: le pasó a Luján, a Maipú y a muchas otras zonas productivas. Si vamos más atrás, en 1958 se construyó la Casa de Gobierno en lo que era la Quinta Agronómica, y el barrio Bombal era la finca de Bombal.

Cuando la población crece, el campo se va desplazando. Puede pasar antes o después, pero es inevitable. Hoy, en Vargas Arizu tenemos olivares en Maipú y viñedos en Vistalba, y probablemente en algún momento ocurra lo mismo, porque estamos rodeados por la urbanización y somos prácticamente los únicos que seguimos haciendo agricultura en esa zona.

Siempre estuve vinculado a la actividad gremial empresaria. A los 29 años asumí como presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo y estuve durante 15 años. También presidí la Bolsa de Comercio de Mendoza, ProMendoza por el sector privado, la Federación de Cámaras de Comercio Exterior del país y el Consejo Olivícola (Caprabo).

Después de más de 30 años entendí que el sector gremial empresario fracasaba “con todo éxito”: la economía argentina seguía deteriorándose y no lográbamos cambiar nada estructural. Ahí comprendí que, si queríamos resultados, había que involucrarse en política y, junto a otros empresarios, creamos el partido Activá Mendoza. En 2019 competimos con Alfredo Cornejo en las legislativas y obtuvimos el 5% de los votos, unas 50.000 voluntades. Para nosotros fue como competir contra Federer sin saber jugar al tenis, pero nos permitió ganar respeto dentro del sistema político.

Luego hicimos un acuerdo con Cambia Mendoza, donde seguimos participando. En las últimas elecciones, Alfredo Cornejo me convocó a integrar el Ministerio de Producción, entendiendo que nuestra participación es para acompañar decisiones que impactan en el sector privado. Algo similar a lo que ocurre a nivel nacional: muchos funcionarios vienen del sector privado y están impulsando cambios profundos. En Mendoza también lo estamos haciendo, incluso antes de la asunción de Milei.

Si uno no participa activamente de la política, las cosas no cambian. Si nos quedamos en las charlas de café no resolvemos nada.

Cuando asumimos, el ministerio tenía dos subsecretarías. En esta gestión creamos una tercera: la Subsecretaría de Empleo y Capacitación -que antes era una dirección- que está comprendida por las direcciones de Empleo y Desarrollo Empresarial, y de Coordinación para la Mejora de la Empleabilidad. Creemos clave capacitar a la gente para la nueva Argentina, de baja inflación, equilibrio fiscal, apertura al comercio internacional, baja de aranceles y mayor competencia.

A la Subsecretaría de Industria y Comercio le agregamos Logística, porque Mendoza es un centro neurálgico de paso fronterizo muy importante, el más grande que hay en Argentina, por eso digo que Mendoza «es» logística. Allí funcionan las direcciones de Emprendedores y Cooperativas, y de Fiscalizacion y Control, que controla los productos del mercado.

La tercera es la Subsecretaría de Agricultura y Ganadería, con las direcciones de Agricultura, Ganadería y Contingencias Climáticas. Además, dependen del ministerio la Dirección General de Desarrollo Productivo, la Agencia de Innovación, Ciencia y Tecnología y organismos como Iscamen, Iditis, Emetur, Coprosamen e Iadiza.

La vitivinicultura es un sector en permanente transformación y extremadamente competitivo. Hay unos 20 países productores de vino en el mundo y nosotros somos uno de ellos. Tenemos cerca de 150.000 hectáreas de viñedos y empresas grandes y pequeñas que compiten entre sí. Exportamos alrededor del 35% de lo que producimos, lo que genera ingreso de divisas.

Es una actividad que invierte constantemente en tecnología e insumos y que además aporta prestigio. Pocas industrias en el mundo reciben tantos turistas, Mendoza recibe unos 2 millones de visitantes que hacen enoturismo. Tenemos 800 bodegas, de las cuales más de 200 cuentan con restaurante. Esto genera arraigo rural y empleo, y permite que la gente se quede en el campo. Tenemos una excelente conectividad con el exterior.

Los desafíos son claros: en el mundo se consume cada vez menos alcohol y venimos pagando derechos de exportación desde hace 30 años, algo totalmente irracional. A eso se sumó durante años un tipo de cambio pisado -exportando a un dólar de $365, pero con el blue en $1.000- que nos obligaba a vender barato y producir caro. Si aun así seguimos existiendo, es porque somos eficientes y porque es un negocio atractivo.

Veo oportunidades importantes: el acuerdo con la Unión Europea, por ejemplo, nos favorece porque somos más eficientes que muchos productores europeos. Si la economía sigue por el mismo camino que vá y logramos una inflación mensual de un dígito, como se proyecta éste año ¡Somos Gardel!

La desregulación, la estabilidad cambiaria, la baja inflación y el superávit fiscal están reactivando la actividad privada. Falta tiempo: no se sale de terapia intensiva y se gana la maratón de la vendimia. Pero vamos en la dirección correcta.

El vino, el pan y el aceite de oliva son productos milenarios, bíblicos. No van a desaparecer, pero sí se van a transformar. La vitivinicultura va a adaptarse, como siempre lo ha hecho.

Creo que si. Recordemos que primero intentaron bajar el INV y esa batalla la ganamos. Es una entidad clave para la seguridad jurídica y comercial , muchos importadores exigen sus análisis, porque tiene un laboratorio homologado con prestigio internacional. Homologar un laboratorio lleva tres años, por eso pedimos que revean la medida, el INV tiene que existir. Sin el INV no sacamos ni una botella para afuera y ahí tenemos un problema.

Nos escucharon y se pudo avanzar en una desregulación consensuada entre el INV y el gobierno nacional, en un trabajo conjunto con Bodegas de Argentina, Coviar y los gobiernos de Mendoza, San Juan y Salta. En ese momento todos coincidimos en que el CIU y el CEC deben mantenerse, porque son herramientas fundamentales para conocer los stocks vínicos, los volúmenes de mosto que se deben elaborar, y planificar estrategias de mercado.

No entendemos porqué no atendieron ese pedido, creo que la intención de hacerlos voluntarios fue más ideológica que técnica. No conocen en profundidad la industria vitivinícola. Se equivocaron y se cerraron, y por eso hubo que ir a la Justicia, que actuó rápido y bien, pero hubiéramos preferido evitar esa instancia. La medida cautelar que dictaron, sólo afecta estos dos puntos clave; el resto de las 972 desregulaciones siguieron vigentes. Así que este año se trabaja igual que siempre y confío en que el año próximo vamos a convencer al gobierno nacional.

Sí, y estimamos que los primeros datos se difundirán alrededor del 20 de enero. Era fundamental que no se dejara de hacer. A título personal, creo que la cosecha será similar o levemente inferior a la anterior, que fue una cosecha media.

No creo que sea tan alto como se dice. Debe rondar los 7 meses. Desde el gobierno hemos actuado generando condiciones para exportar, subsidiando tasas para la prefinanciación de exportaciones de vino a granel. Si logramos colocar entre 70 y 80 millones de litros, el equilibrio será muy bueno.

Además, el acuerdo UE–Mercosur y el mercado del mosto ayudarán a balancear. En 2025 exportamos 80.000 toneladas de mosto, el doble que el año anterior, y para 2026 apuntamos a 110.000 tn. Hay que seguir trabajando y diversificar, el negocio vitivinícola no es solamente vino, también es jugo de uva, pasas, uva en fresco.

Sin dudas. Con San Juan estamos retomando el proyecto de la ley de jugos para edulcoración. Hoy la legislación en Argentina favorece a la caña de azúcar y a la melaza de maíz, que son productos procesados, mientras que el mosto es natural, es uva concentrada.

E un gran trabajo el que tenemos que hacer y un enorme desafío. Si logramos que entre un 30% y un 40% de las uvas comunes se destinen a este uso, es un gran negocio. Además se abre un mercado muy interesante en Estados Unidos, donde se anunció un giro contra la edulcoración con sacarosa.

Fue la mejor de la historia. Logramos reducir la infestación un 70%. Se invirtió fuerte: aumentamos las trampas de 3.000 a 4.000, utilizamos drones, aviones y feromonas para confusión sexual. Por primera vez hicimos una licitación que tuvo 12 oferentes y compramos a 5 empresas, evitando la concentración. Además, se instaló en Rivadavia una empresa francesa del grupo L’Oréal que producirá feromonas.

Es uno de los grandes problemas. La crisis prolongada expulsó a muchos jóvenes del campo. Hoy cuesta conseguir mano de obra. Tenemos que trabajar en eso para que se queden y se entusiasmen en mejorar las fincas, incorporar tecnología, drones. Con internet en el campo cambian las formas de trabajar y conectarse con el mundo.

La inflación destruyó al productor: entregaba la uva y cobraba meses después, con inflaciones superiores al 200%. Eso es inviable. Muchos quedaron en el camino, con fincas envejecidas, maquinaria obsoleta y sin posibilidad de invertir. Para subsistir el viñedo tiene que ser muy eficiente, si va a producir uvas comunes, tiene que lograr 300 a 400 quintales por hectarea, además tienen que reconvertirse.

El seguro agrícola y el fondo compensador son herramientas clave. Ante contingencias como el granizo, el productor asegurado recibe la transferencia directa en su CBU. El Estado aporta una parte importante, pero el productor también debe asumir su responsabilidad.

El Estado debe crear las condiciones adecuadas para que la actividad privada se desarrolle , pero no puede financiar soluciones sin respaldo científico, como la lucha antigranizo.

Argentina es el único país donde cuando cae piedra se culpa al Estado. Hay zonas de alto riesgo donde hay que reconvertir. En el sur de Mendoza el riesgo de granizo es del 26%, en el Este del 11% y en el Valle de Uco del 3%. El año pasado se pagaron $6.300 millones en seguros agrícolas en la provincia, de los cuales $5.300 fueron a productores afectados de la zona sur, no hay dato más contundente que ese.

Hay que adaptar el cultivo al clima, no al revés. En algunos lugares la salida es ganadería, pasturas, cereza u otros cultivos de menor riesgo y mayor valor.

En horticultura impulsamos una ley de semillas que abre el negocio de la semilla híbrida para exportación. Promovemos la formación de clústeres productivos y el cooperativismo, porque está demostrado que las empresas asociadas crecen más y mejor.

Estoy totalmente a favor. El tema del agua es un mito utilizado por mucha gente para causar terror. La minería utiliza menos del 1,5% del agua y además la recicla. No podemos darnos el lujo de dejar bajo tierra recursos por 60.000 millones de dólares.

La minería traerá empleo, salarios altos y movimiento económico. Más viviendas, más transporte, más infraestructura. El progreso siempre genera beneficios. Mendoza, en diez años, puede ser una provincia próspera, con oportunidades para que nuestros hijos se queden acá.